25 noviembre, 2008

"Yo vi vivos a los empleados de la cafetería después de la retoma del palacio de Justicia"

ADN. Se trata de una estudiante de Derecho, víctima de los abusos de organismos de seguridad hace 23 años. Relato exclusivo de ADN Colombia.
A Yolanda la conocí en 1997 y solo hasta hace una semana me contó en detalle el hecho que le cambió la vida para siempre: la toma del Palacio de Justicia, el miércoles 6 de noviembre de 1985, por parte de un comando del M-19.

Yolanda Santodomingo Albericci había llegado ese día bien temprano a la Universidad Externado de Colombia, a ocho cuadras de la Plaza de Bolívar de Bogotá.

Tenía 20 años, hacía cuarto año de Derecho y era de las alumnas más brillantes en un centro docente del que eran profesores un buen número de magistrados y juristas de las altas cortes.


'En la Casa del Florero vi a algunos de la cafetería'

'Simplemente me dañaron la vida'

La denuncia

Las otras víctimas

Militares ante el banquillo

Estaba en temporada de exámenes y circunstancias especiales obligaron a que ella y sus compañeros de curso tuvieran que ir, hacia el mediodía, al Palacio de Justicia para presentar una prueba de práctica penal con Rafael Urrego, conjuez de la Sala Penal, que prefirió hacerla en su oficina ante las dificultades de tiempo.

Por la ocasión, Yolanda iba de sastre azul, más elegante que de costumbre.

Hubo algo que la obligó a irse más temprano hacia el Palacio: debía pasar primero por el Tribunal Contencioso de Cundinamarca, también en el centro, ante la expectativa de vincularse laboralmente.

Con Eduardo Matzon, un compañero de la facultad, fue hasta el Tribunal y de allí salieron para el Palacio, en donde aprovecharon para que él hiciera una tarea.

Poco antes de las 11:40 de la mañana, Yolanda decidió buscar de afán un baño y le indican que por los lados de la cafetería hay uno. Cuando llegó allí empezó la historia que se relata a continuación en la propia voz de su protagonista.

¿En dónde los cogió la toma?

Yo sufría de cistitis y me daban muchas ganas de orinar. Eduardo ya había hecho su tarea.

Entonces le pedí que me acompañara a buscar un baño. Además quería tomar algo porque el calor era muy fuerte.

Bajamos al primer piso y buscamos la cafetería. Yo alcancé a entrar. Eduardo, no, porque iba detrás mío. Cuando de pronto se sintió un estruendo. Y en el fondo apareció una mujer apuntando y vociferando algo. Eduardo arrancó a correr y yo detrás de él. La gente de la cafetería se quedó petrificada. Eduardo era sobrino del Gobernador de Bolívar y su papá era magistrado.

'Mi papá no me lo va a creer'

Salimos corriendo de la cafetería y subimos por la escalera hacia el segundo piso. Un guerrillero gritó que era del M-19, que se iban a tomar el Palacio y que nos quedáramos quietos porque no se iban a demorar.

Más adelante encontramos a otro en el piso y herido. Olía a sangre. En menos de dos minutos había un cruce de fuego horrible y nunca paró. Era de afuera hacia adentro. Hoy, tantos años después, entiendo que los militares estaban esperando la toma.

'Papá no me lo va a creer', eso era lo que pensaba. Yo le decía a Eduardo que rezáramos. Y rezamos. Para entonces ya me había orinado. Tenía la falda untada de sangre del guerrillero y de orín.

No sé cuánto tiempo había pasado, pero seguía siendo de día. En un momento un civil nos gritó: "Pasen que yo les cubro". Eduardo me dijo: "Quédate tranquila que ya nos van a rescatar".

Nos llevaron a una oficina del segundo piso. Estaban unas 20 personas bien vestidas.

Allí había un vacío que comunicaba con el primer piso y deciden bajarnos.



'En la Casa del Florero vi a algunos de la cafetería'

A todos los de la oficina nos bajaron al primer piso. Y entonces entró un tipo que dijo: "Estos tres son especiales". Se refería a Eduardo, a mí y a un señor que dijo ser abogado de Legis. Fue cuando nos sacaron por la puerta principal. Por donde entré, salí. Pero lo que ocurrió adentro fue un paseo comparado con lo que nos tocó vivir afuera.

Me sacaron agarrada del pelo, con la pistola en la nuca. Ahí empezaron los 'cariñitos': "Corre perra hijueputa que hay un francotirador que te va a disparar. Corre, que si no te dispara él, te disparo yo".

El capitán que está en la foto me acompañó siempre. Él nos entregó en la entrada de la Casa del Florero.

Había mucha gente allí que yo acababa de ver en la cafetería y en la oficina. No había visto mucha gente más en el Palacio. Después, en una declaración, me preguntaron que cómo los reconocí. Y les dije: "Sencillo, por las ropas".

Me subieron al segundo piso y me dejaron en una esquina contra la pared y sentada. En las mismas condiciones estaba Eduardo. Todos llegaban y se sentían con derecho a patearme. Me decían "perra hijueputa, guerrillera".

Todas las botas negras pegaban durísimo y se ensañaron con mi riñón derecho. Me preguntaban que en dónde me cambié y aseguraban que yo había estado en la toma de la Embajada Dominicana, cuando en 1980 yo apenas hacía quinto de bachillerato con las monjas.

Estando ahí me vendaron y me llevaron para donde alguien para que me reconociera. Luego me dijeron que habían encontrado la cabeza de Rafael Urrego, mi profesor, y que él era de la guerrilla. Después dijeron que lo habían encontrado y que había dicho que no me conocía.

Nos preguntaban con quiénes estudiábamos desde el primer semestre. Les decíamos que le preguntaran a Maza Márquez, porque estudiábamos con uno de sus hijos. Que le preguntaran al ministro Parejo, amigo de mi papá.

Me sacaron de la Casa del Florero y me montaron en una camioneta. Al lado iban unos muchachos con uniforme de colegio militar y con fusiles.

Y subieron a Eduardo. Adelante iba el capitán que me había entregado en la Casa del Florero.

Nos llevaron para una dependencia de la Policía en la Caracas con segunda sur. Había unos ocho policías. Era de noche y teníamos que andar con la cabeza abajo. Nos pegaron culatazos y nos putearon. Allí nos hicieron la prueba del guantelete (para detectar pólvora) y al capitán le dijeron que había salido negativa. Pero él les respondió: "No importa".

De nuevo nos subieron a la camioneta y fuimos por carretera destapada más hacia el sur. A Eduardo lo acostaron en la silla y a mí me tiraron al piso. Llegamos a lo que después supe que era el Charry Solano (batallón de inteligencia).

Nos vendaron los ojos y nos bajaron de la camioneta. Hasta ahí todo el tiempo me decían que me iban a matar. Donde estábamos se oían gritos. "Lo que estás escuchando son personas que no han querido colaborar", me dijeron.

Me llevaron a lo que creí que era un cuarto, en donde oía cinco voces, una de esas de un hombre 'buena gente' que tenía voz de persona mayor, mientras las otras eran de jóvenes. Me acostaron en una cama, me esposaron los brazos a la cabecera, les dije que tenía frío y me arroparon.

De un momento a otro entró alguien y dijo que Eduardo ya había confesado. Y escuché la voz de un militar negro que había visto en la Casa del Florero.

Después el que parecía buena gente me dijo: "Yolanda, no ha pasado nada. Recuerde que estaban retenidos, no detenidos. Mañana pase por sus documentos".

Terminaron más de 12 horas en ese infierno.

Mi cédula que dejé en el casillero a la entrada del Palacio y que los militares me mostraron en la Casa del Florero volvió a mí. El general Miguel Vega Uribe se la entregó al senador Miguel Pinedo Vidal, amigo de mi papá.


'Simplemente me dañaron la vida'

Saliendo del umbral del cuarto me quitaron la venda. Afuera estaba el Nissan en el que nos habían transportado. Iban una mujer y dos tipos adelante. Y el buena gente atrás.

¿Por qué sé que era buena gente? Porque me ayudó a montar y me dio la mano. Y esa mano y esa voz fue la que sentí en un consultorio de Cajanal varios años después. Yo les había dicho que cuando nos volviéramos a encontrar no debían hablarme de frente porque no los iba a reconocer, que solo podría si los escuchaba de espaldas. Y me pasó otro día al salir de una oficina en Bogotá. Pasé por el lado de un hombre y me dijo: "Adiós Yolandita". Era la voz de uno de los torturadores.

Entonces, nos sacaron del Charry Solano y nos dejaron en la carrera décima en un sector donde hay un paredón con ladrillo rojo. Nos bajaron y nos dijeron que ya nos podemos ir.

De inmediato apareció un taxi viejo. Era raro que a esa hora, antes del amanecer, en un sitio tan solo apareciera un taxi.

Lo que pasó después con mi vida es el resultado de esta historia. Me siento con una pena en el alma. Simplemente me dañaron la vida. Me han amenazado y temo por mi vida. Y me dejó un temor reverencial a pronunciar posición alguna sobre política.


La denuncia
El caso está en manos de la Comisión Interamericana de DD.HH. Según el Colectivo de Abogados José Alvear, falta que el Estado responda.

Cuando lo haga la Comisión hará recomendaciones. Si no las cumple, pasará a la Corte Interamericana.



Las otras víctimas


En la toma y retoma del Palacio de Justicia, que terminó el 7 de noviembre de 1985, murieron 43 civiles, 11 miembros de organismos de seguridad y guerrilleros. Fueron dados por desaparecidos 11 trabajadores de la cafetería y una guerrillera del M-19.

Militares ante el banquillo

Por los hechos del Palacio de Justicia está detenido el coronel Alfonso Plazas Vega, quien ya está en etapa de juicio y hacia febrero próximo se conocerá la sentencia. Fue el oficial que comandó la retoma. Contra él pesa la acusación por la desaparición forzada de 11 personas, todos trabajadores de la cafetería.

El coronel Edilberto Sánchez Rubiano, jefe del B-2 de inteligencia militar de la Décimo Tercera Brigada, fue llamado a juicio, pero está libre por vencimiento de términos.

Están detenidos y en etapa de investigación los generales Iván Ramírez, entonces comandante de inteligencia y contrainteligencia del Ejército, y Jesús Armando Arias Cabrales, ex comandante de la Décimo Tercera Brigada.

Y se adelanta investigación contra el general retirado Rafael Samudio Molina, quien era para la época el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Militares.

Fernando Millán
Diario ADN Colombia
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La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, denunció el carácter endémico de la violencia contra las mujeres

AFP. La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, denunció el lunes el carácter endémico de la violencia contra las mujeres en las zonas donde hay conflictos armados, así como la pasividad de los Estados para procesar y castigar a los culpables.
"La violencia contra las mujeres sigue siendo un grave problema en todo el mundo", protestó Pillay en un comunicado, con ocasión de la Jornada Internacional por la Eliminación de la violencia contra las mujeres, este martes. "En muchas situaciones de conflicto, esta violencia es endémica, y todavía es totalmente desdeñada por todos los protagonistas", agregó.
"Es en el este de la República Democrática del Congo, más que en cualquier otro lugar del mundo, donde la situación es más grave: cientos de miles de mujeres fueron allí violadas, golpeadas, esclavizadas o asesinadas durante los diez últimos años sin que nadie haya sido castigado", declaró.

Las mujeres no son víctimas de violencias únicamente en las zonas donde hay conflictos, sino también en su vida cotidiana en ciertos países donde son tratadas como ciudadanos de segunda categoría, agregó la jurista sudafricana.

Los daños ocasionados por los malos tratos infligidos a las mujeres por compañeros violentos tienen consecuencias a largo plazo, de acuerdo con un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado este año. La violencia física y sexual provoca generalmente abortos o problemas durante el embarazo, trastornos ginecológicos o gastrointestinales y diversos dolores crónicos. Por otra parte, el peligro de que realicen al menos un intento de suicidio en su vida es cuatro veces mayor en las mujeres que han sido maltratadas.
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24 noviembre, 2008

Al menos 120 denuncias sobre maltrato a las mujeres por parte de su pareja se presentan cada día en Colombia ante las autoridades de medicina forense,

Bogotá, 24 nov (EFE).- Al menos 120 denuncias sobre maltrato a las mujeres por parte de su pareja se presentan cada día en Colombia ante las autoridades de medicina forense, denunciaron hoy organizaciones defensoras de los derechos humanos.
La cifra, que es inferior a la real por el miedo de las víctimas a denunciar, se presentó en Bogotá con motivo del lanzamiento de un el programa contra la violencia de género con motivo del Día Internacional de No Violencia contra las Mujeres, que se celebra mañana.

Entretanto, en el país se presentan cada dos horas tres casos de violencia sexual y el 60 por ciento de las víctimas son niñas o adolescentes de alrededor de 14 años de edad, añadieron.

Este programa contra la violencia de género presentado hoy apunta a cumplir uno de los Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODM) establecidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Fue presentado por Oficina Técnica de Cooperación (AECID) de la Embajada de España en Colombia, la Consejería Presidencial de este país para la Mujer, de Colombia; y las dependencias del sistema de la ONU.

El coordinador de este sistema en Bogotá, Bruno Moro, dijo que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha invertido siete millones de dólares en programas de esta naturaleza en Colombia.

Por su lado, el delegado de AECID en Colombia, Fernando Rey, explicó que "este programa responde al compromiso que tiene la Cooperación Española de luchar contra toda violencia de género a nivel mundial y hace parte del Fondo para cumplir los ODM".

Agregó que el plan está dirigido a lograr uno de los ocho ODM, un conjunto de metas a cumplir en 2015 en materia de reducción de la pobreza, educación, salud materna, salud sexual y reproductiva, reducción de la mortalidad infantil; combate al VIH/sida, malaria y dengue; y sostenibilidad del ambiente y equidad de género.

Rey reconoció los "esfuerzos" de las autoridades y organizaciones sociales colombianas para prevenir y combatir la violencia de género, que "tiene altos costos sociales y económicos".

El plan busca contribuir a la prevención, atención y erradicación de la violencia hacia las mujeres colombianas, promover su desarrollo y dar atención a las mujeres víctimas del desplazamiento forzado, afrocolombianas e indígenas.

El programa presentado hoy desarrollará en un comienzo proyectos piloto en las ciudades colombianas de Pasto, Buenaventura y Cartagena, y en los resguardos indígenas de Pueblo Rico y Mistrató (Risaralda).

La consejera presidencial de Colombia para la Equidad de la Mujer, Martha Lucía Vásquez, manifestó que el problema de violencia hacia la mujer se debe a "diversos patrones históricos enraizados en nuestra sociedad" y advirtió de que "el problema es complejo y de difícil solución".
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En Medellin buscan 150 cadaveres desechados como Basura

Semana. La macabra peregrinación hacia La Escombrera comenzaba en las horas del amanecer cuando muchos se despertaban para ir a sus trabajos. Desde las ventanas de barrios como El Salado, Antonio Nariño o el 20 de Julio, distantes unos 20 minutos del centro de Medellín, la gente veía cómo los 'paras' sacaban a las personas, les amarraban las muñecas y los hacían caminar hacia ese terreno en el cual los camiones acostumbran a depositar escombros.

"A muchos les tapaban la cabeza con trapos", cuenta una mujer que perdió a uno de sus hijos en la famosa guerra de la Comuna 13 de Medellín. Una vez llegaban a la parte alta de la montaña los asesinaban, abrían un hueco y allí los arrojaban. Entre tanta basura, tierra y arena era difícil que alguien se diera cuenta del lugar exacto donde eran enterrados. Además, salvo por los paramilitares, nadie se atrevía a subir hasta La Escombrera.
Aun hoy la gente ha hecho de la zona un lugar vetado por el miedo. "A veces nos atrevíamos a preguntarles a esos hombres que qué habían hecho con tal persona, y ellos nos decían que no buscáramos ni preguntáramos más porque ya estaba bien picadito en el basurero", recuerda una vecina a quien los paramilitares le desaparecieron un hijo en 2004.
Ese sitio se convertirá en los próximos días en protagonista de la mayor excavación hecha hasta ahora por la Fiscalía desde que comenzó a desenterrar los muertos de la violencia de los últimos 20 años en Colombia. También tendrá un significado especial por tratarse de la primera exhumación masiva en una de las grandes ciudades del país.
El propio Diego Fernando Murillo, alias 'Don Berna', jefe máximo del Bloque Cacique Nutibara que operaba en la zona en la época de las desapariciones, declaró que en la Comuna 13, incluida La Escombrera, habría más de 100 fosas comunes. Y la Oficina de Derechos Humanos de la Personería de Medellín habla de 150 cuerpos bajo los escombros.

Desde 1999 la guerrilla dominaba sectores de esa comuna, que hace parte del corredor estratégico de la costa Caribe hacia el centro del país. Los paramilitares llegaron tiempo después a pelear ese territorio. La guerra llegó a tal punto que ni siquiera Medicina Legal podía entrar a retirar los muertos. Por eso, dos meses después de que Álvaro Uribe asumió la Presidencia en octubre de 2002, se llevó a cabo una operación militar de dimensiones nunca vistas en una ciudad.
"La guerra comenzó en la madrugada de un miércoles mientras todos dormíamos -recuerda una habitante del barrio Las Independencias II, refiriéndose a la Operación Orión-. Mi hijo se levantó asustado y me dijo que tres hombres estaban armados en el techo de la casa, y como los 'paras' se mantenían por ahí todos los días no le hice caso y me volví a dormir". Diez minutos después, su familia y el resto de los 100.000 habitantes de la Comuna tuvieron que resguardarse como pudieron. Una vecina, Clara Peña, cuenta que durante los tres días que duró la intervención militar no pudo salir de su casa. Su microempresa de arepas, que funcionaba en su hogar, agotó las existencias porque fue lo único que pudieron comer su familia y los vecinos. Salir significaba la muerte.
Fueron tres noches de terror en las laderas del occidente de Medellín. Los helicópteros negros, las tanquetas y los miles de hombres con artillería sofisticada, que antes la gente sólo había visto en televisión, se hicieron realidad.

Al tercer día las balaceras cedieron y los helicópteros dejaron de patrullar. Los habitantes de los 23 barrios de la Comuna se atrevieron a salir y encontraron en las calles empinadas centenares de policías y militares patrullando. Varias familias acudieron hasta los comandos para preguntar por sus hijos que habían sido capturados en esos días. En total 450 personas fueron conducidas a instalaciones policiales y militares. De esa cifra sólo a 82 se les impuso medida de aseguramiento y, transcurridos seis años de la Operación, aún no se ha dictado un fallo.
Al frente de la Operación estuvo el general Mario Montoya, en ese entonces comandante de la IV Brigada y quien en las semanas siguientes se dedicó a aclarar ante los medios que el objetivo de Orión era darle punto final a la violencia que desde hacía tres años tenía en jaque a los habitantes de la 13.

Varios paramilitares desmovilizados han contado a la Fiscalía que después de la Operación Orión las AUC se tomaron esos barrios. Uno de ellos narró la supuesta connivencia con la Fuerza Pública durante la Operación: "La entrada a la Comuna 13 se hizo aprovechando la Operación Orión. Recibimos ayuda de todas las autoridades. La orden que dieron fue acabar con las milicias y quedarnos en la zona. Para ser sinceros, toda la Policía nos ayudó. No sé si por miedo, pero trabajamos en conjunto". Así pues, según testimonios recopilados por SEMANA, en La Escombrera y en La Arenera (un sitio aledaño) estarían enterrados buena parte de los desaparecidos que dejó la incursión paramilitar en los días posteriores a Orión.

El libro Dinámicas de guerra y construcción de paz: el caso de la comuna trece de Medellín, elaborado por el Grupo Interdisciplinario sobre Conflicto y Violencia de la Universidad de Antioquia, también da cuenta por medio de testimonios de la gente no sólo de esta connivencia macabra sino de la difícil situación en la que quedaron los barrios después de la Operación.

Y hace 10 días, en medio de una vigilia humanitaria para recordar a las víctimas, varias personas de la Comuna a quienes les desaparecieron familiares durante y después de la Operación, exigieron su derecho a exhumar a sus seres queridos que siguen enterrados en La Escombrera.

En los últimos seis años se tienen registrados 70 casos de desapariciones forzadas y 30 asesinatos de líderes reconocidos de la Comuna. Esto sin contar con la cantidad de muertos que hubo los días posteriores a la intervención militar.

Otra mujer le relató a SEMANA parte del horror que se vivió en La 13, incluso años después de Orión: "En mi casa teníamos que dormir con el machete bajo la almohada. Yo les prometí a mis hijos que no iba a dejar que se los llevaran y los mataran". En marzo de 2006 un hombre que se identificó como de las autodefensas entró hasta la sala y le arrebató a un hijo de 12 años. Ella logró soltarlo y empujar al hombre hasta sacarlo. "Duramos una semana encerrados todos en la casa -cuenta- y esos hombres gritándome desde la azotea: 'Tonces qué gonorrea, ¿ya ahorró pa'l cajón'".

Hoy ella vive en otro barrio y su casa en La 13 fue saqueada por las autodefensas. En el barrio cuentan que allí vive un pastor evangélico que alega ser el dueño. Los familiares de las víctimas y algunas ONG de la ciudad han propuesto hacer de este lugar un símbolo nacional de los desaparecidos: "Sé que es posible que a mi hijo no lo encuentren... eso es muy grande y le están echando escombros desde hace muchos años. Pero lo importante es ver que esa plata de la Alcaldía sí está sirviendo para algo... por lo menos que empiecen a reconocer nuestro derecho a exhumar a nuestros muertos", dijo Bertha Yepes, quien tiene a su hijo desaparecido desde 2004.

Gustavo Duque, director del equipo de exhumaciones de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía, dijo a SEMANA que gracias a un acuerdo firmado la semana pasada entre ellos y la Alcaldía no sólo harán que se suspenda el transprte de desechos a La Escombrera sino que se contratarán equipos de tecnología avanzada de la Escuela de Minas de la Universidad Nacional para excavar toneladas de basura en el depósito ilegal.
El mismo Duque ha advertido que el proceso de excavación y exhumación puede durar muchos meses, "será como buscar agujas".
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(UNWRA), arremetió hoy contra la comunidad internacional por su pasividad ante la "trágica situación humanitaria" en la Franja de Gaza

Abu Dhabi, 24 nov (EFE).- Peter Ford, representante del Comisario General de la Agencia de la ONU de Ayuda a los Refugiados Palestinos (UNWRA), arremetió hoy contra la comunidad internacional por su pasividad ante la "trágica situación humanitaria" en la Franja de Gaza.
La comunidad internacional y potencias como EEUU y los países de la Unión Europea "no están haciendo lo suficiente", aseguró Ford en declaraciones a Efe en una conferencia de la ONU en esta capital para analizar la ayuda humanitaria internacional.

Ford hizo un llamamiento a EEUU, la UE, Egipto y otros miembros de la comunidad internacional para que ejerzan presión sobre Israel con el fin de que "levante el bloqueo sobre la Franja de Gaza, abra los accesos a este territorio y deje de infringir las leyes internacionales".

"Los almacenes de la UNWRA en Gaza están vacíos debido al bloqueo y los ciudadanos de este territorio se ven obligados a usar harinas de uso animal para hacer pan", explicó Ford.

Según el representante, la agencia de la ONU ha establecido contactos con todas las partes implicadas, aunque el "directo responsable" de que las condiciones de vida mejoren en la franja es el Gobierno israelí.

Asimismo, Ford considera que la desastrosa situación humanitaria en Gaza puede llevar a los milicianos a lanzar más ataques contra Israel en un intento de presionar a este país.

Israel mantiene cerrada la Franja de Gaza desde que el movimiento islamista Hamás se hiciera con el control de este territorio palestino, en junio de 2007, y no permite la entrada y salida ni de personas ni de bienes.

Actualmente, los productos de primera necesidad están escaseando en la Franja debido al cierre total de los pasos fronterizos desde principios de noviembre, después de que milicianos palestinos lanzaran cohetes contra Israel en represalia por una incursión del Ejército hebreo en Gaza.

Hoy, por primera vez en 20 días, Israel ha permitido la entrada de ayuda humanitaria a la Franja, donde viven un millón y medio de personas.
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