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20 octubre, 2009

27.000 personas desaparecieron en Colombia entre 1988 y 2002,

Bogotá, 19 de octubre (Télam).- Alrededor de 27.000 personas desaparecieron en Colombia entre 1988 y 2002, de acuerdo con un informe de la Fiscalía Nacional que atribuyó la responsabilidad al accionar de los grupos paramilitares y guerrilleros.
La investigación de la Fiscalía, divulgada por la radio local Caracol y citada por la agencia noticiosa italiana ANSA, determinó que la mayoría de esas personas desaparecidas de manera forzada pertenecían a familias muy humildes.
"De acuerdo a la información, cerca de 20.000 personas, es decir, 75 por ciento de las denuncias, fueron desaparecidas forzosamente por grupos paramilitares y unas 7.000 personas fueron desaparecidas por parte de grupos guerrilleros", señaló el informe oficial.

Los departamentos (provincias) con mayor número de denuncias de desapariciones son Antioquia, con 7.178 casos; Cesar, con 2.203; Magdalena, con 2.076; Meta, con 1.633, y Santander con 1.539. (Télam).- ajl-cdb19/10/2009 21:01



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22 junio, 2009

¿ Falsos Positivos'... ? ! Asesinatos a sangre fría ¡

Semana. No hay nadie más cuidadoso con las palabras que los diplomáticos. Prefieren, en lo posible, términos blandos y gaseosos; por eso son tan tímidos y aburridos los comunicados oficiales. Tienden a repetir lo obvio y lo ya sabido. Y huyen de adjetivos que puedan ser motivo de polémica o interpretaciones erróneas.

El 95 por ciento del comunicado el jueves pasado de Philip Alston, relator especial de las Naciones Unidas para las Ejecuciones Arbitrarias, sobre los 'falsos positivos' siguió esa consigna. Desde que se conocieron en octubre del año pasado los asesinatos de los jóvenes de Soacha, los medios han reportado ampliamente el fenómeno. El Ministerio de Defensa tomó medidas. La Fiscalía ha actuado: varios oficiales y suboficiales están siendo investigados por esos hechos y crímenes en otras partes del país. Lo que hizo Alston fue recoger esas denuncias e incidentes y plasmarlas en un informe preliminar de cinco páginas. Sin duda, es significativo que el relator de la ONU se pronuncie sobre esas atrocidades, más aún en Colombia, donde se le da tanta relevancia a la opinión de extranjeros sobre el país.

Sin embargo, Alston fue más lejos. Primero, criticó el uso de la expresión 'falsos positivos', ya que "brinda una suerte de aura técnica para describir una práctica que se caracterizaría mejor como el asesinato a sangre fría y premeditado de civiles inocentes, con fines de beneficio". Segundo, dijo que los familiares supervivientes sufrían un "hostigamiento sistemático de los militares", acoso, que según Alston, incluía amenazas de muerte. Y tercero, en una frase que es motivo de análisis tanto en el gobierno como por las ONG, refutó la tesis de que las matanzas eran obra de unas "manzanas podridas". Para el diplomático, los crímenes "fueron llevados a cabo de una manera más o menos sistemática, por una cantidad significativa de elementos dentro del Ejército".

Para el relator de la ONU, tantos hechos en tantas regiones y con la participación de tantas unidades militares no es casualidad. En otras palabras, hay algo en el sistema del Ejército colombiano que hace posible que se lleven a c abo esas actividades.

Así, el uso de la palabra "sistemática" no es fortuito. Según la definición del diccionario de Oxford ya que el texto original de Alston está en inglés, para que una actividad sea sistemática, debe haber planeación y control. Y en el mundo de los derechos humanos, esa implicación es muy grave para un Estado. Aunque Alston dijo que no ha "encontrado pruebas" de que las ejecuciones sean una política oficial, al describir el comportamiento delictivo de algunos militares como "sistemático" dejó la puerta abierta a una interpretación más severa.

Desde que se emitió la Declaración Universal de los Derechos Humanos hace 61 años, ese adjetivo se ha utilizado generalmente para describir las acciones de Estados represivos (las dictaduras del Cono Sur), regímenes genocidas (el régimen del Jmer Rojo de Camboya) o de limpieza étnica (como Ruanda o la antigua Yugoslavia). Una de las motivaciones detrás de la creación de la Corte Penal de Justicia fue precisamente castigar a los responsables de crímenes de lesa humanidad, que por su dimensión son el resultado de actividades "sistemáticas".

Consciente de la gravedad de lo dicho por Alston, el gobierno salió rápidamente a agradecerle el informe y resaltar los párrafos donde reconoce sus esfuerzos por afrontar el problema. Y es cierto: Alston subraya las 15 medidas adoptadas por el Ministerio de Defensa para ponerles coto a las ejecuciones. Y más importante aún para el gobierno, el diplomático destaca la "reducción significativa en la cantidad de alegatos de ejecuciones extrajudiciales registrados por la justicia militar en los últimos seis a nueve meses".

En Colombia ha sido claro hasta ahora que los 'falsos positivos' no son una política de Estado, ni son producto de decisiones que toma la cúpula militar. Es una tragedia que obedece a un esquema perverso de incentivos y a un concepto equivocado de seguridad que premia a los soldados más por el número de bajas que por la tranquilidad ciudadana que proporcione la Fuerza Pública. Lo que sí es necesario aclarar es por qué se dio en varias regiones y de manera tan recurrente.

Frente a este episodio, para la justicia penal internacional no es suficiente corregir los errores sino que los agentes estatales deben pagar por sus crímenes. En últimas esa fue la advertencia del relator de la ONU la semana pasada: si no castigan ejemplarmente a los responsables, otros lo harán por ustedes.


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27 mayo, 2009

ONG lanzan campaña en contra de la desaparición forzada

AP. Un grupo de 16 organizaciones no gubernamentales de derechos humanos lanzó el miércoles una campaña para hacer "visible" el crimen de la desaparición forzada en el país y recabar firmas que impulsen la ratificación por parte de Colombia de una convención internacional sobre el tema.
Las ONG indicaron que a partir de ahora y hasta diciembre aspiran recabar al menos 10.000 firmas en todo el país para presentarlas al gobierno del presidente Alvaro Uribe, como una acción ciudadana que lo lleve a ratificar la Convención Internacional de Naciones Unidas para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas.

Esa convención fue suscrita por 81 países, entre ellos Colombia, en Nueva York en diciembre del 2006, pero hasta ahora sólo 10 naciones, principalmente europeas, la han ratificado en sus congresos, dijo la abogada Luz Stella Aponte, miembro de la no gubernamental Corporación para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, Reiniciar, uno de los grupos que promueve la campaña de firmas.

Al ratificar esa convención, comités de investigaciones internacionales pueden asumir casos en Colombia, explicó Aponte en una conferencia de prensa, junto a otros activistas, en el centro de la ciudad.

La activista dijo que si bien no existen datos confiables y un solo registro nacional de desapariciones forzadas, datos de algunos grupos no gubernamentales y medios locales de prensa hablan de mínimo 15.000 y hasta 50.000 desapariciones en más de cuatro década de conflicto armado interno.

Dijo que por los datos de las ONG el primer caso de desaparición forzada en Colombia está documentado y denunciado ante las autoridades en 1977, el de una joven detenida en un aeropuerto de la costa norte del país.
"En general la desaparición forzada se ha invisibilizado, sólo (se toma en) cuenta el muerto, hoy queremos recalcar que la desaparición forzada es un crimen...y mostrarle a la sociedad colombiana que existe", dijo Aponte.

En Colombia, el delito de desaparición forzada fue incluido en la legislación en el año 2000, no prescribe o caduca, mientras está castigado con hasta 40 años de prisión.


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26 mayo, 2009

Ropa de cadáveres de fosas comunes se muestran en Internet

El Tiempo. Lo hará porque la ropa es el primer paso para establecer la identidad de las personas enterradas por grupos armados ilegales. El segundo paso del proceso de identificación se hace con el ADN.

Cada uno de los elementos hallados en las fosas será registrado en una galería de fotos en la página de Internet de la Fiscalía.

Además, los objetos (relojes, billeteras, documentos de vehículos, entre otros) y prendas de vestir serán clasificados y luego presentados en jornadas de reconocimiento en Bogotá, Medellín y Barranquilla.

La Unidad de Justicia y Paz del ente investigador ya ha realizado 26 jornadas con familiares de desaparecidos. En ellas, también les toman muestras de sangre a los familiares para realizarles dictámenes de ADN, los entrevistan en busca de información y les brindan asesorías sicológica y jurídica.

De acuerdo con cifras oficiales, de los 2.164 restos hallados en 1.761 fosas comunes en los últimos tres años, solo se ha logrado la identificación plena de 572 cuerpos.

Algunos casos

En el 2000, los paramilitares amarraron a un árbol a Hermes Norbey Daza Hoyos y lo dejaron al sol y al agua durante varios días. Luego, lo asesinaron y lanzaron su cadáver a una fosa común.

Seis años después, las botas que siempre usó fueron clave para lograr su identificación. "Esas son. A pesar del barro que tienen las reconocería en cualquier parte", dijo doña María, la mamá de Hermes Norbey, cuando les echó un vistazo minutos después de que una comisión de la Fiscalía las hallara en una fosa común cerca de La Dorada (Putumayo). Un examen de ADN terminó por confirmar que los restos eran los de su hijo.

El último caso que lograron identificar fue el de doña Blanca Valero, quien fue asesinada por las Auc hace ocho años en Ubalá (Cundinamarca). Luego de que la familia reconociera sus prendas de vestir, la Fiscalía la identificó y la semana pasada le entregó los restos (ver recuadro).

Por los tenis identificaron a una mujer

Doña Blanca Valero, de 50 años, desapareció el 6 de junio del 2002 cuando viajaba de Pacho a Ubalá (Cundinamarca). Al poco tiempo su familia se enteró de que 'paras' la habían asesinado.

A principios de este año, en zona rural de Ubalá, el CTI exhumó los restos de una N.N. en una fosa común. El párroco de la población le contó a la Fiscalía que hacía siete años una familia había estado preguntando por una mujer en ese municipio y que él tenía el número del teléfono de una de las hijas.

El fiscal del caso llamó y contestó la hija de doña Blanca, quien contó que su mamá llevaba puestos unos tenis North Star. También dijo que siempre cargaba un peine en forma de tenedor de color azul y que usaba una prótesis dental en la parte superior. La descripción fue el punto de partida para la identificación.
Desapareció del puesto de salud

A Libardo Guerrero lo asesinaron por no pagar una deuda de 10 millones de pesos.

El hombre que le había prestado el dinero lo acusó con los paramilitares que mantenían el control en La Dorada (Putumayo). Días después, en una calle de la población le hicieron un atentado, del que Libardo Guerrero logró sobrevivir, pero cuando recibía atención en el puesto de salud un grupo de paramilitares se lo llevó.

La Fiscalía halló sus restos en una fosa común a medio kilómetro del casco urbano siete años después. Al lado de sus prendas fue hallado el catéter del suero que le habían puesto.


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21 abril, 2009

Colombia comenzará el proceso de reparación de las víctimas del conflicto Armado, en el mes de Mayo

Europa Press. El Gobierno colombiano comenzará el proceso de reparación de las víctimas del conflicto el mes que viene en el marco de los esfuerzos que se están realizando en el país iberoamericano para la reconciliación nacional y para el reconocimiento de las víctimas, tanto directas como los desplazados, que han dejado las guerrillas, los paramilitares y los grupos armados.


"A finales de mayo o principios de junio comenzará la reparación de 12.000 víctimas", explicó el presidente de la Comisión Nacional de Reintegración y Reconciliación, Eduardo Pizarro, quien aclaró que se trata de las que el Gobierno ve "más vulnerables". Así, en un encuentro con periodistas en Madrid, aclaró que los beneficiados de esta primera fase, dotada con 100 millones de dólares, serán "las víctimas de minas antipersona, los niños reclutados por los grupos armados, las mujeres víctimas de delito sexual y las víctimas de secuestro".

Según Pizarro, el Gobierno tiene constancia de "200.000 víctimas de crímenes atroces", a los que hay que añadir los tres millones de desplazados internos que hacen de Colombia el tercer país con mayor número de esta población del mundo por detrás de Afganistán y Sudán. En este sentido, resaltó el hecho de que ahora las víctimas son "poseedoras de derechos" y no sólo objeto de la "solidaridad", aunque admitió que "el mundo todavía está en pañales" respecto a la reparación de las víctimas.

Para poder llevar a cabo la reparación, explicó, en primer lugar se ha tenido que "definir qué es una víctima" en Colombia, puesto que "la forma de victimización en cada conflicto o dictadura cambia", así como elaborar "un perfil de las víctimas". El 90% de ellas, añadió, "pertenecen a los estratos más bajos de la sociedad" siendo la víctima media "una mujer cabeza de familia, que perdió sus bienes, vive en ciudades y no terminó sus estudios".

Este proceso, junto con la creación de un marco jurídico --el estatuto que se está debatiendo en el Congreso--, permite la elaboración de un "modelo de reparación" en el que, subrayó Pizarro, hay que determinar "cómo se repara la vida humana". Según el responsable colombiano, para muchas familias "no basta con un cheque" sino que reclaman otro tipo de reparaciones.

RECUPERAR SUS VIDAS

Por ello, agregó, "aunque la reparación económica es importante, lo que busca el Gobierno es que superen el dolor y recuperen su proyecto de vida". En este sentido, reconoció que en el caso de la recuperación de los bienes por parte de los desplazados, "se trata de una tarea extremadamente compleja porque están ocupados por grupos armados o por campesinos pobres".

Respecto a esta cuestión, Pizarro explicó que se estima que las 650.000 familias desplazadas por el conflicto "dejaron atrás cuatro millones de hectáreas" de terrenos. Para que estos les puedan ser restituidos, se han creado doce oficinas a las que deberán acudir los desplazados para reclamar sus bienes. Si más de una persona reclama un determinado bien o terreno entonces habrá un "litigio judicial" y será un juez el que dictamine, pero si no se produce este litigio, se resolverá "por la vía administrativa".

El presidente de la Comisión de Reintegración y Reconciliación admitió que este proceso se enfrenta a dos obstáculos clave: Colombia es el tercer país más minado del mundo y la guerrilla sigue colocando minas en su lucha contra las fuerzas del orden, y "el catastro rural está muy atrasado y sólo una tercera parte tienen títulos de poseedores de tierras", lo que, añadió, "hace difícil saber quién es el propietario".

EVITAR POSTCONFLICTO VIOLENTO

Así las cosas, Pizarro consideró "muy importante" el que se comience ya con la reparación puesto que, dijo, "si no se comienza vamos a tener enfrentamientos violentos como hubo por ejemplo en Mozambique" tras el acuerdo de paz. Por ello, defendió la actuación inmediata en esta materia "si no queremos tener un postconflicto violento".

Por otra parte, resaltó que el Gobierno de Alvaro Uribe tiene la intención de "reparar fundamentalmente con bienes de los victimarios", es decir, con los bienes entregados voluntariamente por los guerrilleros y paramilitares desmovilizados, o con los bienes incautados a estos por las autoridades. Los primeros, aclaró, ascienden ya a unos 13 millones de dólares, mientras que los segundos suponen unos 100 millones de dólares que pasarán al fondo de reparación de las víctimas.

Asimismo, el Gobierno contempla también la "reparación administrativa" con bienes procedentes del presupuesto del Estado, que este año serán de 100 millones y para el próximo ascenderán a 150 millones, pero buscando que "los impuestos de los ciudadanos" no sean la primera fuente de reparación.

En todo caso, Pizarro admitió que "la única forma de romper el ciclo de violencia es trabajar con los desmovilizados y las víctimas" fomentando la reintegración de los antiguos guerrilleros y paramilitares en las comunidades y la reconciliación con sus víctimas.

A este respecto, el nuevo Alto Comisionado para la Paz y la Reintegración de Colombia, Frank Pearl, aseguró hoy que el Gobierno colombiano no contempla "atajos para la desmovilización" de los paramilitares, principalmente los miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en virtud del acuerdo alcanzado en 2003.

En este sentido, subrayó que se han desmovilizado 31.700 miembros de las AUC y otros 3.000 paramilitares de forma individual y todos ellos "tienen que pasar por el filtro de la justicia". Según Pearl, dos de cada tres desmovilizados "nunca estuvieron armados" sino que realizaron otro tipo de funciones, principalmente logísticas.

Una vez desmovilizados y comprobada su identidad --se ha rechazado a 2.000 personas que intentaron aprovecharse de los "beneficios" del acuerdo con las AUC-- se les asigna un psicólogo para ayudarles en su reinserción y se trata de reunirles con sus familias, el 30% de las cuales rechazan la decisión del desmovilizado, según el Alto Comisionado.

EDUCACIÓN Y FORMACIÓN

Dado que el 39% de los desmovilizados son analfabetos, se está prestando especial atención a enseñarles a leer y a escribir y se les exige que "se comprometan a estudiar" con el fin de "generar capacidades" y que sea más fácil su reinserción, explicó. Para ello, el Gobierno procede a realizarles un perfil psicológico, para conocer su personalidad y comportamiento; un perfil laboral, con sus intereses en la materia; y un perfil cívico, para saber si están preparados para su reinserción en la sociedad.

"Algunos no lo van a lograr independientemente de lo que hagamos", reconoció Pearl, que citó al problema del consumo de drogas y las propias condiciones psicológicas de los desmovilizados como principales causas. Según el Alto Comisionado, "el narcotráfico es la principal amenaza para este proceso" puesto que "en algunos municipios nuestro trabajo es difícil por no decir imposible" por la presencia de los narcotraficantes.

Por último, Pearl lamentó la "indiferencia" que el proceso de desmovilización genera entre los empresarios, ya que, dijo, son pocos los que acceden a contratar directamente a desmovilizados. En este sentido, subrayó que existen otras formas en las que la empresa privada puede contribuir a este proceso, principalmente a través de fondos de inversión privada con los que financiar proyectos formulados por el Gobierno a nivel comunitario para "crear lazos de confianza" entre víctimas y desmovilizados.

Según Pearl, esta política diseñada por el Gobierno de Alvaro Uribe "tendrá continuidad independientemente de los cambios de Gobierno", en referencia a las elecciones que se celebrarán el próximo año en el país. Así, dijo que lo que se ha hecho es sentar las "bases" del proceso, que "puede ser mejorado".
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02 marzo, 2009

vinculados por actos de violación, tortura y homicidio cometidos en Chengue (Sucre) y El Salado (Bolívar), Mancuso y Gorge 40

El Tiempo. La Fiscalía también indaga sobre la supuesta participación en estos delitos de miembros del Ejército, la Armada y la Policía en 39 de los casos.
En los hechos, dice el documento conocido por EL TIEMPO, hay un patrón general: "usar la violencia sexual como arma de guerra y a la mujer como botín de guerra".

Las cifras están en el informe que el fiscal Mario Iguarán le acaba de entregar a la Corte Constitucional un informe sobre el avance de las investigaciones de casos que afectaron al menos a 500 colombianas y que algunas veces provocaron desplazamientos forzados de comunidades enteras.

Los hechos, según este primer reporte, ocurrieron entre 1993 y 2008, en 88 poblaciones de 26 departamentos del país.

La Corte ordenó el informe hace casi un año, tras una audiencia especial en la que evaluó la respuesta del Estado a sus sentencias en favor de la población desplazada.

Ahora, la Fiscalía identifica por primera vez a 42 hombres a los que señala como responsables directos o indirectos de los abusos: hay 15 sindicados, 14 acusados y un condenado

Los crímenes de la guerrilla

Por haber sostenido una relación sentimental con un policía, las Farc asesinaron el 19 de agosto del 2006 a una joven de 15 años.

Este es uno de los 10 casos en que la Fiscalía ha encontrado como responsable a grupos guerrilleros.

Su cuerpo apareció a dos kilómetros de Toribio (Cauca) el 29 de agosto del 2006. El cuerpo de la menor tenía cercenados los senos y con otros signos de tortura.

La denuncia del caso la hizo la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic) en un foro un mes después de su muerte. En abril del 2008 se convirtió en una de las 80 denuncias presentadas a la Corte Constitucional.

El caso fue encontrado después por la Fiscalía en su base de datos. Lo había asumido un fiscal seccional del Cauca que lo archivó.

El 12 de septiembre del 2008 fue reabierto y se encuentra en fase previa.

En Miraflores, Guaviare, la violación de una niña de 13 años fue la advertencia que le dieron las Farc a a los padres de la menor para que abandonaran de inmediato el pueblo.

El proceso para consolidar los datos

La mayor dificultad para los investigadores fue la precariedad de los datos en 118 casos. El fiscal Iguarán los cataloga en su reporte de "dolorosos" ante las dificultades para abordar a víctimas y testigos.

Esta situación obligó a los investigadores a iniciar una estrategia de acercamiento con las comunidades. Se conformó un equipo de fiscales, la mayoría mujeres, y nueve investigadores de la Dijín dedicados de manera exclusiva al expediente. Previamente, todo el equipo tuvo capacitación especial.

Luego se cruzaron las denuncias de la Corte con información en la base de datos de cada seccional. De esta forma se encontró que 36 de las denuncias ya estaban judicializadas . Otras se encontraban archivadas y fueron reabiertas de inmediato.

Finalmente, se diseñó un plan de investigación tomando como eje el grupo armado del posible autor de los abusos.

Así se ha llegado a establecer en 41 casos que las víctimas son menores de edad, que 24 son indígenas y que en 27 procesos los abusos sexuales investigados terminaron en homicidio. También se indaga sobre 11 casos de esclavitud sexual y seis de prostitución forzada.

En todo caso, se trata apenas de un vistazo inicial a una historia callada por las víctimas. "Muchas veces las mujeres piden que no se pregunte por ellas a los desmovilizados", señala un fiscal de Justicia y Paz.

Alias 'El Oso', jefe paramilitar de Sucre, se convertirá en el primer acusado en esa jurisdicción por casos de abuso.

En El Salado, las mujeres fueron obligadas a bailar desnudas

Los paramilitares que hace nueve años participaron en la masacre ocurrida en El Salado (Bolívar) obligaron a varias mujeres a desnudarse y bailar delante de sus esposos o padres, que después fueron asesinados.

Una de las sobrevivientes de la matanza revivió esos momentos ante una fiscal de la Unidad Nacional de Derechos Humanos de la Fiscalía. Su relato, en el que aseguró haber sido violada en público por varios hombres, sirvió de base para reforzar el proceso penal contra los extraditados Salvatore Mancuso y Rodrigo Tovar Pupo, 'Jorge 40'. Ambos fueron vinculados de manera formal al caso en enero y julio del 2007 como presuntos coautores de homicidio múltiple por su condición de ex jefes de las Auc.

Sin embargo, falta un reconocimiento médico legal que pruebe lo que afirma la víctima para reforzar las imputaciones contra los ex cabecillas 'paras', hoy presos en una cárcel federal del Distrito de Columbia en Estados Unidos.

Solo uno de los 15 sindicados por la masacre, Jhon Jairo Esquivel, alias 'El Tigre', ha reconocido que hubo abusos sexuales. Sin embargo no ha identificado a los demás responsables de ese crimen.

La Fiscalía también señala a un militar por esos hechos. Es el capitán (r) del Ejército Héctor Martín Pita Vásquez, quien es juzgado en Cartagena por haber colaborado con los 'paras' que realizaron la masacre de El Salado.

Aparte de El Salado y Chengue, la Fiscalía también investiga otros casos de violencia sexual en las masacres del Alto Naya (Cauca) y El Tigre (Putumayo).

Esclavitud y prostitución de Farc y 'paras'

La denuncia del padre de una joven de 20 años que fue raptada en Barrancabermeja por un paramilitar refleja el drama que viven los familiares de mujeres víctimas de abuso sexual que han sido esclavizadas.

"A mi hija se la llevó 'Pitillo'. La tiene en el sur de Bolívar. Me dicen que ya tiene cuatro hijos, todos de él. La ha amenazado de muerte si no cumple sus deseos. Ella quiere que la ayuden a salir de allá pero tiene miedo...", dijo el testigo a la Fiscalía.

Este es apenas uno de los 11 casos de esclavitud sexual que se han desprendido de los procesos que adelanta el ente acusador por orden de la Corte Constitucional. La joven es buscada desde el 4 de agosto del año pasado. Un fiscal seccional de Cartagena inició un proceso penal por los hechos y un equipo de investigadores recorre esa zona del país para dar con su paradero.

En otro caso, denunciado ante la Corte por Amnistía Internacional, la víctima es una niña de 13 años que fue raptada en Medellín.

La menor regresó dos semanas después a su casa. Lo único que la Fiscalía ha podido establecer por sus padres es que unos paramilitares, al parecer, la tuvieron en una casa de prostitución que ellos controlan. Ella quedó embarazada y tuvo un niño.

La Fiscalía ha recibido denuncias similares en Cúcuta cometidos por 'paras', y en Putumayo achacados a guerrilleros de las Farc.
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24 enero, 2009

La Masacre de Chivor

Semana. La noche del miércoles 21 de enero fue larga y angustiante. Doña María Eugenia Gutiérrez dio vueltas en su cama, rezó una y otra vez el Padre Nuestro y el Ave María y se la pasó imaginando cómo sería ese momento en el que tuviera que recoger el cadáver de su hijo.
Nolbeiro Muñoz Gutiérrez, de 23 años, un desmovilizado de las Farc, apareció muerto el pasado 17 de septiembre en un paraje del municipio de Chivor, en el departamento de Boyacá, junto con Alexánder Quirama, de 31 años, ambos vecinos de cuadra. Los dos fueron reportados como muertos en combate por tropas del Batallón Bolívar del Ejército, un día después que desaparecieron de su barrio la localidad Rafael Uribe de Bogotá.

Así como pasó la noche, el viaje para recoger el cuerpo fue eterno y doloroso. Desde Quipile, en donde vive, viajó hasta Bogotá y a las 4 de la mañana en punto de este jueves estaba lista en la sede de la Personería Distrital, en el centro de la ciudad. Engarrotada del frío, vestida toda de negro, con un pañuelo blanco que apretaba entre sus manos y en absoluto silencio, María Eugenia se subió a la camioneta de la Personería al lado de su nuera, Constanza García, una jovencita también desmovilizada, que decía estar lista para reconocer el cadáver de su novio Nolbeiro. Junto a ellas iba Héctor Quirama, el hermano de Alexánder, un paisa de 30 años que recordaba nuevamente que su hermano padecía serios problemas mentales y que por eso no entendía cómo el Ejército lo “dio de baja” en un supuesto combate.

Llegar al municipio de Chivor toma unas cuatro horas. Se arranca por la Autopista Norte, luego se llega a una carretera de cascajo llena de huecos y polvo, y después hay que atravesar la represa en un planchón, para luego andar otra vez por una carretera destapada y llegar finalmente a esta remota zona esmeraldera que, hasta hace 10 años, tenía graves problemas de violencia.

Pasadas las nueve de la mañana, llegamos al pequeño pueblo que está empotrado en una montaña. Hubo que legalizar documentos, buscar autorizaciones, poner una firma aquí, otra allá y por fin, a las 4 de la tarde, ambas familias se fueron rumbo al cementerio en una procesión de tres policías, el alcalde, dos improvisados sepultureros y la mirada curiosa de los chivorenses a las afueras del campo santo.

En esta zona, donde ahora la vida pasa tranquilamente, el rumor es que la muerte de los muchachos fue otro falso positivo del Ejército. Las familias no se explican por qué desaparecieron de Bogotá un día y al otro aparecieron muertos con armas de largo alcance.

“A mí me llamaron la madrugada del 17 de septiembre los campesinos de la vereda Camoyo. Me dijeron que habían oído disparos y que habían muerto dos personas. Después el Ejército me contactó y yo fui hasta el lugar. Hablé con un cabo que estaba al mando de los militares y me dijo que dos días antes estaban patrullando la zona porque sabían de la existencia de bandas en el lugar”, dijo a Semana.com Néstor Sánchez, alcalde de Chivor.

Dicen en el pueblo que a uno de los muchachos lo encontraron atracando una tienda de carnes días atrás (Alexander, el que padecía trastornos mentales). Pero que al otro no lo conocían. El Ejército se mantiene en su versión de que fue una baja legal y que las explicaciones que tiene que dar las entregará a la Fiscalía.

***
“Yo tengo una cosa en la garganta que no me deja pasar saliva; eso es porque no he llorado”, dijo Constanza mientras miraba las dos bóvedas donde reposaban los cuerpos de Nolbeiro y Alexánder, identificados cada una como “N.N.1 Moreno” y “N.N.2 Mono”.

Más de una hora se tardaron en romper el adoquín y el cemento con el que sellaron la tumba de ambos. Aunque los mazazos daban contra la pared, doña María Eugenia sentía que eran contra su corazón: “Ay Dios mío, Dios mío”, susurraba la señora ahogada en lágrimas, apretando las manos contra el pecho, como queriendo que no se le saliera.

Mientras eso pasaba, casualmente otra noticia de falsos positivos se conocía en Bogotá: la destitución de 10 militares que habían pasado por el batallón La Popa, en Valledupar, responsables posiblemente de un sinnúmero de asesinatos fuera de combate que en varias ocasiones hicieron pasar como guerrilleros dados de baja.

“Uno lo que se pone a pensar es que ellos hicieron este mismo recorrido que acabamos de hacer nosotros, ¿pero para qué?, ¡a esto tan lejos! yo todavía no entiendo nada”, dice Héctor Quirama, quien en dos oportunidades había hecho el mismo viaje averiguando por la suerte de su hermano.

Resignados, todos se devolvieron para Bogotá. Doña María Eugenia, con ese silencio que lo dice todo, se sentó en su silla y sollozó un rato largo. Constanza sacó un reproductor de música y por fin se desahogó al escuchar el corrido de un cantante del Caquetá, llamado Uriel Henao, que inevitablemente le recuerda a Nolbeiro: “Te amo, y no puedo ocultarlo, y no puedo evitarlo, tu me vas a matar. Te extraño, desde el día en que te fuiste y me dejaste tan solo, sufriendo mi penar”, cantaba Constanza, quien estuvo en Chile y luego en Tel-Aviv, Israel, desde donde regresó al enterarse de la desaparición de su novio, con quien estaba a punto de completar cuatro años de relación.

Nolbeiro Muñoz y Alexánder Quirama fueron enterrados este viernes en un cementerio del sur de Bogotá. No es claro para nadie cuál fue la suerte de estos muchachos en sus últimas horas de vida. La última palabra la tiene la Fiscalía, quien deberá determinar si en realidad esto fue un falso positivo del Ejército, si los jóvenes fueron reclutados por alguna banda criminal y llevados a Chivor con falsas promesas, y allí alguien alertó al Ejército de presencia de sujetos extraños y éste llegó y les disparó.
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16 enero, 2009

HRW le recomienda a Barack Obama evaluar las relaciones entre su país y Colombia,

SEMANA. En su informe mundial sobre derechos humanos, la prestigiosa organización Humans Rights Watch le recomienda al presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama “volver a evaluar las relaciones entre su país y ciertos gobiernos cuya importancia como aliados estratégicos o aliados en la lucha contra el terrorismo llevó a que la administración Bush desestimara sus graves violaciones”.

Entre los ejemplos de estos gobiernos aliados e stán el de Etiopía por sus atrocidades en Ogaden y Somalia; el de Pakistán cuyos militares torturan y desaparecen personas; el de Egipto que obstruye a la oposición, y el de Israel que apela al castigo colectivo para responder a los ataques de los palestinos contra sus

En la lista de los gobiernos abusivos, HRW incluyó también al de Colombia “porque obstruye las investigaciones de vínculos entre altos funcionarios del gobierno y las fuerzas paramilitares asesinas”.

Recomienda HRW que “ el gobierno de Estados Unidos use su gran palanca económica para empujar a sus aliados cercanos a que terminen con estos abusos”.

El capítulo sobre Colombia, de siete páginas, hace énfasis en este punto. “Las instituciones de justicia de Colombia han empezado a progresar en el destape de la verdad sobre las violaciones de los paramilitares y sus cómplices. Pero en 2008, el gobierno de Álvaro Uribe en repetidas ocasiones tomó medidas que podrían obstaculizar las investigaciones”.

Citó entre estas medidas, las continuas acusaciones personales contra los magistrados de la Corte Suprema que terminaron sin piso, en lo que ha aparecido como una campaña para desacreditar a la Corte. Así mismo, da cuenta de las iniciativas de reforma constitucional que le hubieran quitado la jurisdicción a la Corte para investigar los casos de parapolítica, y la que hundió la norma de la “silla vacía” que buscaba sancionar a los partidos que perderían las curules de los miembros que resultaran en la cárcel con graves acusaciones de parapolítica.

Las violaciones de las Farc

Si bien el informe resaltó los golpes que le propinó el gobierno a las Farc, aseguró que estas seguían cometiendo graves violaciones contra los derechos de las personas como el secuestro, el uso de minas antipersona y el reclutamiento de niños combatientes. Las cifras de la Oficina de Derechos Humanos de la Vicepresidencia indican que para septiembre de 2008, ya 153 civiles habían sido víctimas fatales de estas minas.

Así mismo dijo que los grupos que han sucedido a los paramilitares (los cuales, según HRW, nunca se desmovilizaron del todo), han ido aumentando su actividad criminal y han amenazado civiles, y asesinado líderes sindicales y defensores de los derechos humanos. Cita a la Misión observadora de la desmovilización paramilitar de la OEA, para decir que hay 22 grupos paramilitares activos con miles de integrantes por todo el país.

También informa que si bien los asesinatos a sindicalistas habían venido bajando, este año volvieron a subir y para octubre ya habían sido asesinados 41 sindicalistas. Asegura que debido a la presión del Congreso de Estados Unidos, la impunidad de estos crímenes es menor y en 2008 hubo 53 condenas a los responsables de este delito.

Dice así mismo el reporte, que las denuncias sobre ejecuciones extrajudiciales por parte de la fuerza pública siguen siendo frecuentes y que actualmente la Fiscalía está investigando más de mil casos denunciados. “El Ministerio de Defensa ha emitido varias directivas afirmando que este tipo de muertes no son permitidas. Pero estas directivas han sido socavadas por las declaraciones de altos funcionarios del gobierno, incluido el presidente Uribe, quien por años ha negado que el problema exista y ha acusado a los defensores de derechos humanos que denunciaban estas muertes como cómplices de las guerrillas en su campaña para desprestigiar a los militares”.

Además denuncia que los desplazamientos forzados de la población civil han venido aumentando de nuevo y que en 2008 “el número de personas afectadas por este fenómeno puede haber alcanzado su mayor nivel en décadas”.

Según cifras de la Ong, Codhes, en el primer semestre de de 2008 más de 270 mil personas fueron obligadas a abandonar sus hogares a la fuerza por actores armados, y esta constituye la cifra más alta en 23 años, con un 41 por ciento de aumento frente al mismo período en 2007. Reconoce, sin embargo, que el gobierno ha empezado a desarrollar programas para proteger a las mujeres desplazadas, según lo había ordenado la Corte Constitucional en 2004.

Explica el informe que alrededor del 30 por ciento de la ayuda militar de Estados Unidos a Colombia (que en total, sumada con la ayuda policial y social, alcanzó 650 millones de dólares en 2008) está sujeta a que mejores las condiciones del respeto por los derechos humanos en el país. Pero que el Departamento de Estado de Estados Unidos no ha hecho efectivos estos controles de manera consistente.

Cita el hecho de que el liderazgo demócrata del Congreso estadounidense ha pedido que se suspenda la aprobación del TLC con Colombia hasta tanto no se vean “resultados concretos en el terreno” en materia de impunidad por la violencia contra los sindicalistas y el papel de los paramilitares.

Cita a otros gobiernos y organizaciones extranjeras que proveen a Colombia de asistencia técnica, ayuda social o militar o supervisan los programas de desmovilización de los paramilitares. Entre éstas están el Reino Unido, la OEA, la Unión Europea y la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos.
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25 noviembre, 2008

"Yo vi vivos a los empleados de la cafetería después de la retoma del palacio de Justicia"

ADN. Se trata de una estudiante de Derecho, víctima de los abusos de organismos de seguridad hace 23 años. Relato exclusivo de ADN Colombia.
A Yolanda la conocí en 1997 y solo hasta hace una semana me contó en detalle el hecho que le cambió la vida para siempre: la toma del Palacio de Justicia, el miércoles 6 de noviembre de 1985, por parte de un comando del M-19.

Yolanda Santodomingo Albericci había llegado ese día bien temprano a la Universidad Externado de Colombia, a ocho cuadras de la Plaza de Bolívar de Bogotá.

Tenía 20 años, hacía cuarto año de Derecho y era de las alumnas más brillantes en un centro docente del que eran profesores un buen número de magistrados y juristas de las altas cortes.


'En la Casa del Florero vi a algunos de la cafetería'

'Simplemente me dañaron la vida'

La denuncia

Las otras víctimas

Militares ante el banquillo

Estaba en temporada de exámenes y circunstancias especiales obligaron a que ella y sus compañeros de curso tuvieran que ir, hacia el mediodía, al Palacio de Justicia para presentar una prueba de práctica penal con Rafael Urrego, conjuez de la Sala Penal, que prefirió hacerla en su oficina ante las dificultades de tiempo.

Por la ocasión, Yolanda iba de sastre azul, más elegante que de costumbre.

Hubo algo que la obligó a irse más temprano hacia el Palacio: debía pasar primero por el Tribunal Contencioso de Cundinamarca, también en el centro, ante la expectativa de vincularse laboralmente.

Con Eduardo Matzon, un compañero de la facultad, fue hasta el Tribunal y de allí salieron para el Palacio, en donde aprovecharon para que él hiciera una tarea.

Poco antes de las 11:40 de la mañana, Yolanda decidió buscar de afán un baño y le indican que por los lados de la cafetería hay uno. Cuando llegó allí empezó la historia que se relata a continuación en la propia voz de su protagonista.

¿En dónde los cogió la toma?

Yo sufría de cistitis y me daban muchas ganas de orinar. Eduardo ya había hecho su tarea.

Entonces le pedí que me acompañara a buscar un baño. Además quería tomar algo porque el calor era muy fuerte.

Bajamos al primer piso y buscamos la cafetería. Yo alcancé a entrar. Eduardo, no, porque iba detrás mío. Cuando de pronto se sintió un estruendo. Y en el fondo apareció una mujer apuntando y vociferando algo. Eduardo arrancó a correr y yo detrás de él. La gente de la cafetería se quedó petrificada. Eduardo era sobrino del Gobernador de Bolívar y su papá era magistrado.

'Mi papá no me lo va a creer'

Salimos corriendo de la cafetería y subimos por la escalera hacia el segundo piso. Un guerrillero gritó que era del M-19, que se iban a tomar el Palacio y que nos quedáramos quietos porque no se iban a demorar.

Más adelante encontramos a otro en el piso y herido. Olía a sangre. En menos de dos minutos había un cruce de fuego horrible y nunca paró. Era de afuera hacia adentro. Hoy, tantos años después, entiendo que los militares estaban esperando la toma.

'Papá no me lo va a creer', eso era lo que pensaba. Yo le decía a Eduardo que rezáramos. Y rezamos. Para entonces ya me había orinado. Tenía la falda untada de sangre del guerrillero y de orín.

No sé cuánto tiempo había pasado, pero seguía siendo de día. En un momento un civil nos gritó: "Pasen que yo les cubro". Eduardo me dijo: "Quédate tranquila que ya nos van a rescatar".

Nos llevaron a una oficina del segundo piso. Estaban unas 20 personas bien vestidas.

Allí había un vacío que comunicaba con el primer piso y deciden bajarnos.



'En la Casa del Florero vi a algunos de la cafetería'

A todos los de la oficina nos bajaron al primer piso. Y entonces entró un tipo que dijo: "Estos tres son especiales". Se refería a Eduardo, a mí y a un señor que dijo ser abogado de Legis. Fue cuando nos sacaron por la puerta principal. Por donde entré, salí. Pero lo que ocurrió adentro fue un paseo comparado con lo que nos tocó vivir afuera.

Me sacaron agarrada del pelo, con la pistola en la nuca. Ahí empezaron los 'cariñitos': "Corre perra hijueputa que hay un francotirador que te va a disparar. Corre, que si no te dispara él, te disparo yo".

El capitán que está en la foto me acompañó siempre. Él nos entregó en la entrada de la Casa del Florero.

Había mucha gente allí que yo acababa de ver en la cafetería y en la oficina. No había visto mucha gente más en el Palacio. Después, en una declaración, me preguntaron que cómo los reconocí. Y les dije: "Sencillo, por las ropas".

Me subieron al segundo piso y me dejaron en una esquina contra la pared y sentada. En las mismas condiciones estaba Eduardo. Todos llegaban y se sentían con derecho a patearme. Me decían "perra hijueputa, guerrillera".

Todas las botas negras pegaban durísimo y se ensañaron con mi riñón derecho. Me preguntaban que en dónde me cambié y aseguraban que yo había estado en la toma de la Embajada Dominicana, cuando en 1980 yo apenas hacía quinto de bachillerato con las monjas.

Estando ahí me vendaron y me llevaron para donde alguien para que me reconociera. Luego me dijeron que habían encontrado la cabeza de Rafael Urrego, mi profesor, y que él era de la guerrilla. Después dijeron que lo habían encontrado y que había dicho que no me conocía.

Nos preguntaban con quiénes estudiábamos desde el primer semestre. Les decíamos que le preguntaran a Maza Márquez, porque estudiábamos con uno de sus hijos. Que le preguntaran al ministro Parejo, amigo de mi papá.

Me sacaron de la Casa del Florero y me montaron en una camioneta. Al lado iban unos muchachos con uniforme de colegio militar y con fusiles.

Y subieron a Eduardo. Adelante iba el capitán que me había entregado en la Casa del Florero.

Nos llevaron para una dependencia de la Policía en la Caracas con segunda sur. Había unos ocho policías. Era de noche y teníamos que andar con la cabeza abajo. Nos pegaron culatazos y nos putearon. Allí nos hicieron la prueba del guantelete (para detectar pólvora) y al capitán le dijeron que había salido negativa. Pero él les respondió: "No importa".

De nuevo nos subieron a la camioneta y fuimos por carretera destapada más hacia el sur. A Eduardo lo acostaron en la silla y a mí me tiraron al piso. Llegamos a lo que después supe que era el Charry Solano (batallón de inteligencia).

Nos vendaron los ojos y nos bajaron de la camioneta. Hasta ahí todo el tiempo me decían que me iban a matar. Donde estábamos se oían gritos. "Lo que estás escuchando son personas que no han querido colaborar", me dijeron.

Me llevaron a lo que creí que era un cuarto, en donde oía cinco voces, una de esas de un hombre 'buena gente' que tenía voz de persona mayor, mientras las otras eran de jóvenes. Me acostaron en una cama, me esposaron los brazos a la cabecera, les dije que tenía frío y me arroparon.

De un momento a otro entró alguien y dijo que Eduardo ya había confesado. Y escuché la voz de un militar negro que había visto en la Casa del Florero.

Después el que parecía buena gente me dijo: "Yolanda, no ha pasado nada. Recuerde que estaban retenidos, no detenidos. Mañana pase por sus documentos".

Terminaron más de 12 horas en ese infierno.

Mi cédula que dejé en el casillero a la entrada del Palacio y que los militares me mostraron en la Casa del Florero volvió a mí. El general Miguel Vega Uribe se la entregó al senador Miguel Pinedo Vidal, amigo de mi papá.


'Simplemente me dañaron la vida'

Saliendo del umbral del cuarto me quitaron la venda. Afuera estaba el Nissan en el que nos habían transportado. Iban una mujer y dos tipos adelante. Y el buena gente atrás.

¿Por qué sé que era buena gente? Porque me ayudó a montar y me dio la mano. Y esa mano y esa voz fue la que sentí en un consultorio de Cajanal varios años después. Yo les había dicho que cuando nos volviéramos a encontrar no debían hablarme de frente porque no los iba a reconocer, que solo podría si los escuchaba de espaldas. Y me pasó otro día al salir de una oficina en Bogotá. Pasé por el lado de un hombre y me dijo: "Adiós Yolandita". Era la voz de uno de los torturadores.

Entonces, nos sacaron del Charry Solano y nos dejaron en la carrera décima en un sector donde hay un paredón con ladrillo rojo. Nos bajaron y nos dijeron que ya nos podemos ir.

De inmediato apareció un taxi viejo. Era raro que a esa hora, antes del amanecer, en un sitio tan solo apareciera un taxi.

Lo que pasó después con mi vida es el resultado de esta historia. Me siento con una pena en el alma. Simplemente me dañaron la vida. Me han amenazado y temo por mi vida. Y me dejó un temor reverencial a pronunciar posición alguna sobre política.


La denuncia
El caso está en manos de la Comisión Interamericana de DD.HH. Según el Colectivo de Abogados José Alvear, falta que el Estado responda.

Cuando lo haga la Comisión hará recomendaciones. Si no las cumple, pasará a la Corte Interamericana.



Las otras víctimas


En la toma y retoma del Palacio de Justicia, que terminó el 7 de noviembre de 1985, murieron 43 civiles, 11 miembros de organismos de seguridad y guerrilleros. Fueron dados por desaparecidos 11 trabajadores de la cafetería y una guerrillera del M-19.

Militares ante el banquillo

Por los hechos del Palacio de Justicia está detenido el coronel Alfonso Plazas Vega, quien ya está en etapa de juicio y hacia febrero próximo se conocerá la sentencia. Fue el oficial que comandó la retoma. Contra él pesa la acusación por la desaparición forzada de 11 personas, todos trabajadores de la cafetería.

El coronel Edilberto Sánchez Rubiano, jefe del B-2 de inteligencia militar de la Décimo Tercera Brigada, fue llamado a juicio, pero está libre por vencimiento de términos.

Están detenidos y en etapa de investigación los generales Iván Ramírez, entonces comandante de inteligencia y contrainteligencia del Ejército, y Jesús Armando Arias Cabrales, ex comandante de la Décimo Tercera Brigada.

Y se adelanta investigación contra el general retirado Rafael Samudio Molina, quien era para la época el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Militares.

Fernando Millán
Diario ADN Colombia
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24 noviembre, 2008

En Medellin buscan 150 cadaveres desechados como Basura

Semana. La macabra peregrinación hacia La Escombrera comenzaba en las horas del amanecer cuando muchos se despertaban para ir a sus trabajos. Desde las ventanas de barrios como El Salado, Antonio Nariño o el 20 de Julio, distantes unos 20 minutos del centro de Medellín, la gente veía cómo los 'paras' sacaban a las personas, les amarraban las muñecas y los hacían caminar hacia ese terreno en el cual los camiones acostumbran a depositar escombros.

"A muchos les tapaban la cabeza con trapos", cuenta una mujer que perdió a uno de sus hijos en la famosa guerra de la Comuna 13 de Medellín. Una vez llegaban a la parte alta de la montaña los asesinaban, abrían un hueco y allí los arrojaban. Entre tanta basura, tierra y arena era difícil que alguien se diera cuenta del lugar exacto donde eran enterrados. Además, salvo por los paramilitares, nadie se atrevía a subir hasta La Escombrera.
Aun hoy la gente ha hecho de la zona un lugar vetado por el miedo. "A veces nos atrevíamos a preguntarles a esos hombres que qué habían hecho con tal persona, y ellos nos decían que no buscáramos ni preguntáramos más porque ya estaba bien picadito en el basurero", recuerda una vecina a quien los paramilitares le desaparecieron un hijo en 2004.
Ese sitio se convertirá en los próximos días en protagonista de la mayor excavación hecha hasta ahora por la Fiscalía desde que comenzó a desenterrar los muertos de la violencia de los últimos 20 años en Colombia. También tendrá un significado especial por tratarse de la primera exhumación masiva en una de las grandes ciudades del país.
El propio Diego Fernando Murillo, alias 'Don Berna', jefe máximo del Bloque Cacique Nutibara que operaba en la zona en la época de las desapariciones, declaró que en la Comuna 13, incluida La Escombrera, habría más de 100 fosas comunes. Y la Oficina de Derechos Humanos de la Personería de Medellín habla de 150 cuerpos bajo los escombros.

Desde 1999 la guerrilla dominaba sectores de esa comuna, que hace parte del corredor estratégico de la costa Caribe hacia el centro del país. Los paramilitares llegaron tiempo después a pelear ese territorio. La guerra llegó a tal punto que ni siquiera Medicina Legal podía entrar a retirar los muertos. Por eso, dos meses después de que Álvaro Uribe asumió la Presidencia en octubre de 2002, se llevó a cabo una operación militar de dimensiones nunca vistas en una ciudad.
"La guerra comenzó en la madrugada de un miércoles mientras todos dormíamos -recuerda una habitante del barrio Las Independencias II, refiriéndose a la Operación Orión-. Mi hijo se levantó asustado y me dijo que tres hombres estaban armados en el techo de la casa, y como los 'paras' se mantenían por ahí todos los días no le hice caso y me volví a dormir". Diez minutos después, su familia y el resto de los 100.000 habitantes de la Comuna tuvieron que resguardarse como pudieron. Una vecina, Clara Peña, cuenta que durante los tres días que duró la intervención militar no pudo salir de su casa. Su microempresa de arepas, que funcionaba en su hogar, agotó las existencias porque fue lo único que pudieron comer su familia y los vecinos. Salir significaba la muerte.
Fueron tres noches de terror en las laderas del occidente de Medellín. Los helicópteros negros, las tanquetas y los miles de hombres con artillería sofisticada, que antes la gente sólo había visto en televisión, se hicieron realidad.

Al tercer día las balaceras cedieron y los helicópteros dejaron de patrullar. Los habitantes de los 23 barrios de la Comuna se atrevieron a salir y encontraron en las calles empinadas centenares de policías y militares patrullando. Varias familias acudieron hasta los comandos para preguntar por sus hijos que habían sido capturados en esos días. En total 450 personas fueron conducidas a instalaciones policiales y militares. De esa cifra sólo a 82 se les impuso medida de aseguramiento y, transcurridos seis años de la Operación, aún no se ha dictado un fallo.
Al frente de la Operación estuvo el general Mario Montoya, en ese entonces comandante de la IV Brigada y quien en las semanas siguientes se dedicó a aclarar ante los medios que el objetivo de Orión era darle punto final a la violencia que desde hacía tres años tenía en jaque a los habitantes de la 13.

Varios paramilitares desmovilizados han contado a la Fiscalía que después de la Operación Orión las AUC se tomaron esos barrios. Uno de ellos narró la supuesta connivencia con la Fuerza Pública durante la Operación: "La entrada a la Comuna 13 se hizo aprovechando la Operación Orión. Recibimos ayuda de todas las autoridades. La orden que dieron fue acabar con las milicias y quedarnos en la zona. Para ser sinceros, toda la Policía nos ayudó. No sé si por miedo, pero trabajamos en conjunto". Así pues, según testimonios recopilados por SEMANA, en La Escombrera y en La Arenera (un sitio aledaño) estarían enterrados buena parte de los desaparecidos que dejó la incursión paramilitar en los días posteriores a Orión.

El libro Dinámicas de guerra y construcción de paz: el caso de la comuna trece de Medellín, elaborado por el Grupo Interdisciplinario sobre Conflicto y Violencia de la Universidad de Antioquia, también da cuenta por medio de testimonios de la gente no sólo de esta connivencia macabra sino de la difícil situación en la que quedaron los barrios después de la Operación.

Y hace 10 días, en medio de una vigilia humanitaria para recordar a las víctimas, varias personas de la Comuna a quienes les desaparecieron familiares durante y después de la Operación, exigieron su derecho a exhumar a sus seres queridos que siguen enterrados en La Escombrera.

En los últimos seis años se tienen registrados 70 casos de desapariciones forzadas y 30 asesinatos de líderes reconocidos de la Comuna. Esto sin contar con la cantidad de muertos que hubo los días posteriores a la intervención militar.

Otra mujer le relató a SEMANA parte del horror que se vivió en La 13, incluso años después de Orión: "En mi casa teníamos que dormir con el machete bajo la almohada. Yo les prometí a mis hijos que no iba a dejar que se los llevaran y los mataran". En marzo de 2006 un hombre que se identificó como de las autodefensas entró hasta la sala y le arrebató a un hijo de 12 años. Ella logró soltarlo y empujar al hombre hasta sacarlo. "Duramos una semana encerrados todos en la casa -cuenta- y esos hombres gritándome desde la azotea: 'Tonces qué gonorrea, ¿ya ahorró pa'l cajón'".

Hoy ella vive en otro barrio y su casa en La 13 fue saqueada por las autodefensas. En el barrio cuentan que allí vive un pastor evangélico que alega ser el dueño. Los familiares de las víctimas y algunas ONG de la ciudad han propuesto hacer de este lugar un símbolo nacional de los desaparecidos: "Sé que es posible que a mi hijo no lo encuentren... eso es muy grande y le están echando escombros desde hace muchos años. Pero lo importante es ver que esa plata de la Alcaldía sí está sirviendo para algo... por lo menos que empiecen a reconocer nuestro derecho a exhumar a nuestros muertos", dijo Bertha Yepes, quien tiene a su hijo desaparecido desde 2004.

Gustavo Duque, director del equipo de exhumaciones de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía, dijo a SEMANA que gracias a un acuerdo firmado la semana pasada entre ellos y la Alcaldía no sólo harán que se suspenda el transprte de desechos a La Escombrera sino que se contratarán equipos de tecnología avanzada de la Escuela de Minas de la Universidad Nacional para excavar toneladas de basura en el depósito ilegal.
El mismo Duque ha advertido que el proceso de excavación y exhumación puede durar muchos meses, "será como buscar agujas".
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16 noviembre, 2008

La Oficina de la ONU para los Derechos Humanos en Colombia deplora un proyecto de "ley de víctimas"

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La Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos advierte que el proyecto actual de ley de víctimas introduce factores de discriminación entre las víctimas, que son inaceptables desde el punto de vista de la universalidad del derecho a la igualdad.
La Oficina expresa su profunda preocupación porque el texto aprobado en el debate de la Comisión Primera de la Cámara de Representantes, el 12 de noviembre del año en curso, afectaría seriamente la legitimidad de la política estatal de reparación. El texto excluye específicamente criterios establecidos por la Asamblea General de las Naciones Unidas para definir la calidad de víctima, los cuales fueron aceptados por el Gobierno de Colombia.
De aprobarse la propuesta de la Comisión Primera de la Cámara los familiares de víctimas de ejecuciones cometidas por agentes del Estado, por ejemplo, no tendrían acceso inmediato a la reparación administrativa.

El texto impone a las víctimas de acciones cometidas por dichos agentes requisitos adicionales, extraordinarios y más graves que los exigidos a otras víctimas para acceder a la reparación administrativa, y establece que los únicos agentes del Estado que podrían producir daños susceptibles de reparación son los miembros de la fuerza pública.

Además, el proyecto excluye a las personas que en el futuro puedan resultar víctimas, al establecer que solo quienes hayan sido víctimas con anterioridad a la aprobación de la ley pueden solicitar ser registradas como tales.

Excluye también como familiares de las víctimas directas a las parejas del mismo sexo.

La Oficina también considera que el proyecto excluye a las víctimas de infracciones graves del derecho internacional humanitario

El proyecto desconoce varios principios internacionales, entre los que se destacan, la obligación esencial de los Estados de garantizar el respeto de los derechos humanos, el principio de igualdad y no discriminación y el principio de favorabilidad para las víctimas.

En su reciente visita al país, la señora Navi Pillay, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, reclamó que “para hacer efectiva la reparación a las víctimas, los programas deben beneficiar por igual a víctimas de grupos armados ilegales y de agentes del Estado”.

La Oficina alberga la esperanza de que el llamado de la Alta Comisionada encuentre eco en el debate pendiente ante la Plenaria de la Cámara de Representantes y que se logre corregir el texto para adecuarlo a los principios y estándares internacionales.
hchr
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Las Victimas del Conflicto armado en Colombia, son las que pierden ante el proyecto de Reparación

Semana. El proyecto de Ley de Víctimas concertado por varios congresistas, víctimas, representantes de la sociedad civil fue derrotado este miércoles en el Congreso por la aplanadora uribista. En su lugar, pasó la propuesta gubernamental, que según la bancada de oposición y las mismas víctimas es un proyecto contrario a quienes han sufrido a causa del conflicto armado.
La jornada de debate fue bastante tensa pues varios puntos de la iniciativa, que al comienzo fue propuesta por el Partido Liberal y después fue nutrida por la discusión de varios sectores, no eran del agrado del gobierno. Uno a uno fueron derrotados los artículos propuestos por la ponencia Liberal, que a juicio de varios analistas, ha sido en este período legislativo la de mayor participación y concertación entre diversos sectores.
En medio de la discusión surgieron argumentos subidos de tono. Por ejemplo el representante del Partido Cambio Radical, Tarquino Pacheco, dijo que los liberales se habían asesorado de la izquierda más radical.

Guillermo Rivera, representante Liberal dijo después a Semana.com que la acusación era inocua pues su ponencia fue construida con la orientación de organismos internacionales. “Eso sí, no me voy a asesorar con Rito Alejo del Río, en un tema como este”, dijo Rivera irónicamente.

En el recinto se encontraba un grupo de víctimas con pancartas que pedían la aprobación de la Ley. El representante conservador, Humberto Mantilla dijo que la presencia de víctimas en el salón ejercía “presión sobre los legisladores”. También comparó la propuesta a un “pliego de peticiones de un sindicato”. Minutos antes, el representante Heriberto Sanabria, del mismo partido, había calificado las diez audiencias públicas en las que participaron las víctimas y varios congresistas en aras de construir la propuesta, como "un acto de populismo".

La escena recordó el agravio a las víctimas protagonizado por la mayoría de senadores, quienes se ausentaron del Capitolio mientras varias de ellas relataban su drama, una tarde de julio del año pasado.

En la jornada de este miércoles, el representante del Polo Franklin Legro le exigió respeto a su colega Sanabria y respondió que las víctimas no ejercían ninguna presión indebida.

La bancada de oposición, al advertir que no sería escuchada, según indicó el representante Germán Navas Talero, del Polo, decidió retirarse del debate. “Esta iniciativa es más gravosa para las víctimas. Va contra mi consciencia jurídica. Yo creo que se debe legislar para ellas y no contra ellas”, dijo Talero a Semana.com al término del debate.

Las razones de Talero no son infundadas. Las víctimas de agentes de Estado fueron excluidas de la reparación integral, propósito medular de la iniciativa. A pesar de que se mencionan en la Ley, quienes han sufrido por acciones de agentes estatales deberán contar con una sentencia ejecutoriada de un organismo judicial, para poder acceder a la reparación.

Este trato es discriminatorio, han argumentado varios analistas. Las víctimas de los grupos ilegales pueden acceder a la reparación solo con una prueba sumaria de su condición. Es decir podrán ser reparadas y asistidas si comprueban a través de algún documento (no necesariamente judicial) que fueron agraviadas.

Por el contrario las víctimas de agentes de Estado deberán demandarlo y que un juez falle a su favor, proceso que puede tardar varios años, para poder recibir una indemnización. Previo a la votación el Ministro del Interior, Fabio Valencia, había dicho que la norma legal que apruebe el Congreso, debe, necesariamente, “establecer que hay una clara diferenciación entre las víctimas de grupos ilegales y las de agentes del Estado”. Dijo que este era un principio aceptado internacionalmente.

El temor de fondo del uribismo detrás de su negativa a aceptar que las víctimas de agentes de Estado sean reparadas sin orden judicial, es que de aprobar esta norma, muchas personas que resulten afectadas por acciones legítimas del Ejército, consigan que el Estado las repare.

No obstante, la resolución de la ONU 60/147, suscrita por este gobierno en 2006, no discrimina la víctima en razón de su victimario. En esta se define como víctima a todas las personas que hayan sufrido daños, físicos, mentales, emocionales o pérdidas económicas debidas a “acciones u omisiones que constituyan una violación manifiesta de las normas internacionales de derechos humanos o una violación grave del derecho internacional humanitario”.

Y añade: “Una persona será considerada víctima con independencia de si el autor de la violación ha sido identificado, aprehendido, juzgado o condenado…”

Pero este no es el único reparo al proyecto. Según la norma aprobada se fija un monto de reparación que está contemplado en el decreto del gobierno 1390, lo que desconoce la diferencia entre la reparación a la que debe acceder una víctima de otra. Es decir, los jueces deberán fallar las reparaciones de las víctimas basados en las escalas de reparación que fijó el gobierno.

Para la analista política Laura Gil, quien ha acompañado el proceso de construcción del estatuto, “sería mejor no tener ninguna Ley. Fijar montos de reparación es arbitrario”. La analista explicó a Semana.com que las víctimas de agentes de Estado tendrían más beneficios si no se aprueba la Ley, pues el monto de la reparación por la vía judicial actualmente, no está sujeto a ningún tope, sino a lo que considere el juez con base en el daño.

“La norma deberá ser revisada por la Corte Constitucional. Y yo no creo que la vaya a aprobar, pues, como está, va contra los derechos de las víctimas”, agregó Gil.

Otro punto que fue sacado de la propuesta que había sido aprobada por el Senado en la legislatura pasada, fue el principio del deber de garantías del Estado. En el periodo legislativo anterior, mientras fue ministro del Interior, Carlos Holguín, éste no logró convencer a los senadores de que el Estado no tenía responsabilidad con las víctimas por no garantizar la protección a sus derechos.

Pero en la propuesta aprobada, los representantes eximieron al Estado de la responsabilidad, para expresar que éste repara por “solidaridad”. Según Catalina Díaz,coordinadora del Área de Reparaciones del Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ), en el marco de la justicia transicional -la que se aplica cuando un país pasa de una dictadura a una democracia, o cuando unos combatientes deciden dejar las armas-, “al Estado le corresponde una cuota de responsabilidad por no garantizar la defensa de los derechos de los ciudadanos, si por cualquier razón permitió que ocurrieran masacres, desplazamientos, asesinatos, etc.”

En esta coyuntura, luego del escándalo de los falsos positivos, donde ha quedado en evidencia que agentes del Estado han ejecutado civiles y los han presentado como dados de baja en combate (en la Procuraduría hay 935 denuncias de casos como estos ocurridos en este gobierno), suena irónico decir que el Estado sólo debe reparar por un pricipio de solidaridad y no por su falta de eficacia o por los desmanes de miembros de la Fuerza Pública.

Otro de los puntos que fueron retirados de la iniciativa, que incluso ya había sido concertada entre la bancada uribista y la oposición, fue el principio de interpretación en favor de la víctima contemplado en el artículo 14. Este consistía en que si uno de los artículos aprobados tenía una doble interpretación, se adoptaría la que fuere favorable a la víctima. Este principio también está contemplado en la legislación internacional.

Otro de los temas que generaron controversia fue el de la restitución de tierras. La ponencia Liberal planteó no sólo la restitución de inmuebles, sino de bienes. Sin embargo, los daños que sufran estos últimos no serán reparados, según el proyecto aprobado.

Por estas razones la bancada de oposición, una vez fueron votados en contra los “principios orientadores de la propuesta”, tras varias horas de debate y meses de trabajo, se retiraron de la discusión.

“Así quedó desnaturalizada completamente la iniciativa. Se desconoció toda la jurisprudencia internacional”, dijo el representante Guillermo Rivera, del Partido Liberal, una vez concluyó la sesión.

Con desilusión las víctimas se retiraron del recinto viendo como se hundía la posibilidad de que en tantos años de conflicto se reconocieran sus derechos a la reparación por haber quedado en peor lugar de un conflicto armado: entre el fuego cruzado. Ahora el proyecto deberá cursar su cuarto debate en la plenaria de la Cámara. Para este debate el grupo de trabajo de la propuesta civil se reunirá con el fin de decidir si retira el proyecto o lo puede enmendar en el camino.
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17 octubre, 2008

"El presidente Colombiano Alvaro Uribe, es un obstáculo para esclarecer los crímenes de los Paramilitares". Human Rights Watch

AFP. Human Rights Watch (HWR) llamó el jueves al presidente colombiano, Álvaro Uribe, a no obstaculizar las investigaciones por nexos de políticos, empresarios y militares con paramilitares de ultraderecha, y pidió a Estados Unidos y a la comunidad internacional vigilar esos procesos.
El gobierno reaccionó calificando el informe de "ridículo" y "mentiroso". En una declaración divulgada por la vicepresidencia afirmó además: "deseamos un esclarecimiento total y rápido de las circunstancias que han rodeado la violencia contra las instituciones y la población por parte de todos los grupos armados".

Por su parte, el director para las Américas de HRW, José Miguel Vivanco, acusó a Uribe de instigar una campaña para "desacreditar" a la Corte Suprema de Justicia. "El gobierno del presidente Uribe se ha constituido en nuestra opinión en un obstáculo para el progreso de la justicia", dijo en una conferencia de prensa en Bogotá al presentar el informe.

La organización defensora de los derechos humanos reclamó también a la justicia estadounidense entregar a Colombia la información que obtenga de 13 jefes paramilitares, extraditados en mayo, y brindarles "incentivos jurídicos" para que confiesen delitos cometidos en el país andino.

Al destacar los "avances históricos" que la justicia colombiana ha logrado "contra el poder paramilitar", HRW sin embargo advirtió de que éstos aún son "frágiles".

La justicia evalúa actualmente las confesiones de medio centenar de jefes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que se desmovilizaron junto a unos 31.000 combatientes tras una negociación con el gobierno. Igualmente investiga a más de 60 congresistas, en su mayoría de la coalición que respalda a Uribe, por simpatías y vínculos con esos grupos de ultraderecha, a los que se atribuyen más de 9.000 crímenes.

"Colombia tiene ante sí una oportunidad única de revelar y poner fin a la influencia de estas redes, juzgando a los paramilitares y a sus cómplices", señala el documento que pide a Uribe "expresar firme y claramente el apoyo" a esas investigaciones.

Según dijo HRW en su informe anual sobre la situación de los derechos humanos en Colombia, esas investigaciones deben ser exhaustivas para que se juzgue "a quienes hayan colaborado con los paramilitares en el sistema político y las fuerzas de seguridad". Por ello pidió a Uribe oponerse a "cualquier proyecto de ley que pueda permitir la reducción de penas o, directamente, la impunidad por colaborar con los paramilitares", y también "abandonar los ataques contra la Corte Suprema" de Justicia que realiza "valientemente" esas investigaciones.

El informe también llama la atención sobre el poder político que con su accionar violento alcanzaron los paramilitares de extrema derecha. "Muchas veces, los asesinatos y las amenazas -en lugar de las elecciones libres o el diálogo democrático- son los factores que han determinado quién controla el poder, la riqueza y la influencia en el país", puntualiza.

Por ello, el documento pide al fiscal de la Corte Penal Internacional "monitorear el proceso de investigación y juzgamiento de los cómplices de los paramilitares", y a la comunidad internacional "respaldar con firmeza las investigaciones acerca de la influencia ilegal de los paramilitares en el sistema político".

El documento también aconseja al Congreso de Estados Unidos mantener congelada la aprobación de un Tratado de Libre Comercio bilateral negociado en 2006, hasta tener "resultados concretos y sostenidos" de las investigaciones sobre los asesinatos de sindicalistas.

Finalmente, tras destacar que "durante las dos últimas décadas los paramilitares han devastado gran parte del país", destacó que "Colombia es el país con las mayores cifras de desplazados internos en el mundo luego de Sudán".
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11 octubre, 2008

Capturado el ex general del Ejército Jesús Armando Arias Cabrales

Bogotá, 10 oct (EFE).- La Fiscalía de Colombia ordenó hoy arrestar al ex general del Ejército Jesús Armando Arias Cabrales, quien dirigió la operación para retomar el Palacio de Justicia, asaltado en 1985 por guerrilleros del grupo M-19 y en cuyo interior murieron cerca de cien personas.


Arias Cabrales, que comandaba la brigada militar de Bogotá, deberá responder ante la Fiscalía por su presunta responsabilidad en la desaparición de once personas que salieron de la sede judicial luego de terminar el asalto de más de 24 horas por parte de un comando del Movimiento 19 de Abril (M-19).

Una fuente de la Fiscalía explicó que se encontraron indicios suficientes para pedir la detención de Arias Cabrales por su presunta participación en las desapariciones.

El general retirado Arias Cabrales fue destituido simbólicamente en 1990.

El M-19, que se desarticuló en 1990 tras firmar un acuerdo de paz con el Gobierno del entonces presidente de Colombia, Virgilio Barco, asaltó el Palacio de Justicia el 6 y 7 de noviembre de 1985 con la intención de juzgar la política de paz del presidente Belisario Betancur (1982-86).

La sede judicial, situada en el centro de Bogotá, se incendió y más tarde fue bombardeada por el Ejército, con saldo de casi cien muertos, incluyendo once magistrados de la Corte Suprema de Justicia.

Según denuncias y testigos, las once personas, entre ellas los empleados de la cafetería y rebeldes sobrevivientes del asalto, salieron con vida, pero desaparecieron y al parecer fueron llevados a destacamentos militares, donde los torturaron hasta causarles la muerte.

Arias Cabrales y el también ex general Rafael Samudio Molina fueron llamados a declarar en junio pasado por las desapariciones.

En los hechos del Palacio de Justicia, que quedó en ruinas, murieron acribillados o quemados once magistrados del tribunal supremo, entre ellos su presidente, Alfonso Reyes Echandía, y decenas de abogados, empleados y visitantes, así como casi todos los guerrilleros asaltantes, calculados en unos 30.
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