10 mayo, 2016

Reactivación: La tregua de los 90 (1992-1996)

Luego de la desmovilización y los procesos de paz con los grupos guerrilleros del EPL y el M-19 a comienzos de la década de los noventa, las autodefensas se someten por primera vez a la justicia y decretan una tregua. Sin embargo, regresarían a mediados de esta década con una estructura más poderosa y violenta.

En la administración de Cesar Gaviria (1990-1994), las autodefensas, que habían crecido de la mano del narcotráfico, se sometieron a la justicia y en varias regiones hicieron entrega de armas, acogiéndose a los decretos 2047 y 3030 de 1990 y 303 de 1991, que contemplaban reducción de penas de la mano con una confesión voluntaria. En este momento, fueron tres los grupos que se sometieron a la justicia: un reducto compuesto por cerca de 200 hombres del grupo de Rodríguez Gacha en Pacho (Cundinamarca), el que actuó en Puerto Boyacá, al mando de Ariel Otero, con cerca de 400 integrantes y el de Fidel Castaño que entregó 600 fusiles, así como varias haciendas en su zona de influencia en Córdoba y Urabá.
En consecuencia, a partir de 1992, se observa una importante reducción de los asesinatos de civiles, atribuidos a las autodefensas en los años anteriores.
Pese a que la reducción de las víctimas de la violencia organizada es marcada, los asesinatos cometidos por la guerrilla comienzan a recaer en dirigentes y militantes del movimiento Esperanza, Paz y Libertad, quienes se hallaban en proceso de desmovilización fruto de las negociaciones entre el gobierno y el Ejército Popular de Liberación (Epl). Estos hechos se concentraron en Córdoba y Urabá.
Pese a los grandes esfuerzos realizados en los primeros años de la década del noventa para lograr la desintegración de las estructuras más poderosas y con mayor cubrimiento territorial, los grupos paramilitares tuvieron un nuevo impulso.
Fue así como, con posterioridad a la muerte de Pablo Escobar en 1993, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu), bajo el mando de Fidel y Carlos Castaño, comenzaron a registrar una significativa expansión, con el apoyo de desmovilizados del Epl, asediados en ese momento por las Farc y la disidencia de Francisco Caraballo.
Entre tanto, los grupos del Magdalena Medio, pese a haber protagonizado actos de dejación de armas, no se desactivaron, optaron por frenar su expansión, -excepto en el sur del Cesar-, no llamar la atención con actos de violencia y, ante todo, defender territorios fundamentales para el narcotráfico.
En el gobierno Samper 1994-1998 la avanzada liderada por las ACCU se manifiesta, inicialmente, en el norte de Urabá. En 1995 se lleva a cabo la entrada al eje bananero y en 1996 la expansión al Atrato, Occidente y Oriente antioqueño y Nudo de Paramillo, junto con el inicio de acciones en Sucre, Magdalena y Cesar.
Hacia finales de 1996, el avance de las autodefensas se traduce, por una parte, en que las guerrillas registran pérdidas territoriales muy significativas y, por otra, en que estos grupos tienen que concentrar mayores esfuerzos para contener a las estructuras de signo contrario.
En este contexto, tanto los paramilitares como las guerrillas, en competencia por el dominio del territorio, convirtieron a la población civil en blanco de su acción, dando una clara demostración del alto nivel de degradación que comienza a experimentar el conflicto armado.
Fuentes:
  • Comisión Verificadora de los Actores Violentos en Urabá (1995), "Informe Final", Apartadó, pp 37-40 y Fernando Cubides, Ana Cecilia Olaya y Carlos Miguel Ortiz (1995) "Tendencias en el Desarrollo Municipal y Violencia en Colombia", Cap. 3. Centro de Estudios Sociales de la Universidad Nacional de Colombia, Santafé de Bogotá.
  • Gustavo Salazar, (1999). Paramilitarismo: una aproximación a sus orígenes y evolución 1980 – 1999, Bogotá, Presidencia de la República.
Tags: Colombia • paramilitarismo • victimas • conflicto armado • justicia •autodefensas • paramilitares • epl • m-19


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30 años de barbarie paramilitar

Las Autodefensas nacen en el Magdalena Medio, se consolidan bajo el mando de los hermanos Castaño en Urabá y logran su mayor auge y expansión a finales de la década de los 90 bajo una sombra de masacres, desplazamientos y la financiación del narcotráfico. Esta es la historia del paramilitarismo en Colombia de los últimos 30 años.

El 19 de febrero de 2005 el recién nombrado comandante general de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) Ramón Isaza Arango relataba, dese su punto de vista, lo que había sido el nacimiento del fenómeno paramilitar:
“Un 22 de febrero del año 1978, hace ya 27 años, a la vereda la Estrella, del Corregimiento La Merced o Las Mercedes, como se le conoce comúnmente, en aquel entonces jurisdicción del Municipio de San Luís (Antioquia), hoy de Puerto Triunfo, incursionó una patrulla del noveno frente de las FARC, esta vez con órdenes específicas de asesinar a varias personas, a quienes acusaban de colaborar con el ejército, y como retaliación, porque no les colaboraban con ganado vacuno, o porcino, o con aves de corral, con dinero o con hijos para reclutarlos.
En la lista me encontraba yo, Ramón Isaza, por ese entonces líder comunitario, concejal en San Luís, en representación de Puerto Triunfo.
 En otras ocasiones habían llegado, las primeras, a manera de visita informativa, luego a que se les colaborara con animales o dinero, más tarde se llevaban los animales, o los mataban ahí mismo sin informar siquiera. 
Esto había sembrado el descontento entre los habitantes de la vereda y algunas medidas que se tomaron hacían prever que alguna de esas visitas tendría un desenlace fatal. Analizando eso en conversaciones que tuve con los vecinos, decidimos buscar ayuda y agruparnos para defendernos, para defender la vereda. Como ya se habían contactado en otras oportunidades con el ejército, decidimos entonces ir a buscar ayuda, esta vez, no para que mandaran patrullas hasta la vereda, sino para que nos dieran armas para nosotros mismos hacerles frente, en caso de algún ataque que no diera tiempo de avisar.

En la base Calderón, ubicada cerca a Puerto Boyacá, con otros amigos expusimos la situación al Comandante de la base y luego de mucho hablar y recibir algunas instrucciones, nos entregaron 8 escopetas, de varios calibres, con suficientes cartuchos, ellas no en muy buen estado, porque eran de las decomisadas a las personas que no tenían permiso para portarlas, las cuales repartimos entre quienes nos habíamos comprometido a conformar este grupo para autodefendernos y no sufrir más el chantaje, la intimidación y el saqueo a que nos estaban sometiendo y que menguaba gravemente la economía de nuestros hogares.” (Descargar carta de Ramòn Isaza en PDF)
Isaza recordaba las consecuencias de las disposiciones adoptadas por el Decreto Legislativo 3398 de 1965 de diciembre 24 – “por el cual se organiza la defensa nacional”-, convertidas en legislación permanente con la Ley 48 de 1968 (diciembre 16), que en uno de sus apartes señalaba que “El Ministerio de Defensa Nacional por conducto de los comandos autorizados, podrá amparar, cuando lo estime conveniente, como de propiedad particular, armas que estén consideradas como de uso privativo de las Fuerzas Armadas”. 
De este modo, bajo el amparo de esta ley, las Fuerzas Militares tuvieron un aval para proveer de armas a los particulares y con ello frenar cualquier brote de inconformismo social o amenaza subversiva. Fue en la zona del Magdalena Medio, en el municipio de Puerto Boyacá, donde este modelo fue cristalizado y perfeccionado por primera vez.
Si bien este antecedente marca un hito importante dentro de la historia del paramilitarismo, progresivamente otro tipo de factores influyeron en su expansión y transformación: el narcotráfico, el ascenso de nuevos poderes políticos regionales, la radicalización de ciertos sectores de las fuerzas militares y desde luego la extralimitación de los grupos guerrilleros, le dieron todas las razones a la dinámica paramilitar a nivel nacional.
La siguiente división histórica corresponde a un análisis del fenómeno paramilitar en Colombia, su objetivo primordial es dotar al lector de un contexto básico que permita entender el proceso, no definir de forma tajante el desarrollo del mismo:
El comienzo(1981-1991)
Reactivación(1992-1996)

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03 mayo, 2016

Refugiados y solicitantes en camino de obtener el statu podrán adquirir alimentos en supermercados que soliciten cédula de identidad en Venezuela

El defensor del pueblo Tareck William Saab, junto con la Superintendencia Nacional de Precios Justos, (Sundde) de precio justos William contreras, se prenunciaron ante el ataque despiadado a la alimentación del pueblo venezolano preciada por la derecha empresarial y su guerra económica. Inspeccionaron 1.566 establecimientos de venta de alimentos en 23 estados del país para determinar las irregularidades en la adquisición de los productos.

Estas supervisiones se hicieron en locales, tanto de la red publica como privada.
Entre las quejas de la población detectadas por las autoridades estaba la presencia de bachaqueros en las colas, desde tempranas horas de la mañana; venta de puestos en las filas con bandas organizadas, solicitud de informe médico, copia y original de la partida de nacimiento y ecogramas a las mujeres para poder comprar pañales y leche de fórmulas. “Obviamente esto afecta a quien va a, como mujer, como madre, a comprar porque ya la empresa, te está colocando obstáculos que no debiera haber, si vas a comprar pañales, los compras y punto”, dijo.

Unos de los puntos a los que se hizo referencia es al beneficiar con un permiso especial a las personas que tienen el statu como refugiados o  que están en camino de obtenerlo, con el derecho de poder adquirir productos en los supermercados donde se pide documento de identidad, para ello el defensor del pueblo junto con el sunde , se reunirán esta semana con el  saime para agilizar lo más pronto esa medida
“Pareciera que ya han tecnificado la manera de actuar a un punto que ellos mismos (bachaqueros) propician el marcaje en el cuerpo (...) Este tipo de bandas a actuado con una técnica que ha llevado a la propia Sundde, de manera sorpresiva, a actuar incluso en horas de la noche para desmantelar estas bandas”, expresó el Defensor

Otras irregularidades es la falta de información de los consumidores sobre los productos y las cantidades que llegan a los locales; ventas condicionadas, refiriéndose a la compra obligatoria de otros rubros innecesarios que lo hacen los dueños de los establecimientos. Calificó esta última observación como un “acaparamiento condicionado”.

También encontraron con que algunos locales no cuentan con el sistema de punto de ventas, impidiendo el uso del tique de alimentación.

Recomendaron realizar una mejor distrbución de alimentos y de manera equitativa; fortalecer la vigilancia durante la formación de las colas, de modo que los primeros usuarios sean los primeros en comprar los productos por el número de cédula; evitar la creación de cualquier tipo de listas, que muchas veces son hechas por bandas de bachaqueros en complicidad con empleados de los súper; no permitir el marcaje en ninguna parte del cuerpo.

Pidió fiscalizar que todas las cajas registradoras funcionen para el público. “Aquí tiene que actuar el sistema de justicia con mucha fuerza para desmantelar estos grupos, que se les aplique todo el peso de la ley”, precisó Saab.


El superintendente nacional de la Sundde, William Contreras William, declaró que las investigaciones han arrojado que los bachaqueros realizan un “tour” en los establecimientos para ser siempre los mismos que compran, quitando muchas veces la oportunidad a otros que si lo necesitan.


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conseguir la nacionalidad venezolana

Para lograr obtener la Nacionalidad Venezolana debes haber vivido en el país por más de cinco años consecutivos o estar casado con alguien de este país. Necesita recaudar una serie de documentos y trasladarse al al Sistema Administrativo de Migración y Extranjería (Saime) más cercano a su residencia

Paso a paso:
Pasos
Debes entrar al portal web  Por favor dale dos veces click al enlace y luego a “saltar publicidad” para dirigirte a la página del saime  saime-extranjeria
y descargar la solicitud para la nacionalidad dependiendo de tú caso. Allí encontraras tres opciones: extranjeros con más de 5 años en el país, extranjeros casados con un venezolano o hijos de padres nacidos en este país.
Pasos
Una vez que se llene esta planilla, debe ser notariada en el Registro Civil principal. Esto mismo se realiza con las partidas de nacimiento y actas de matrimonio si el trámite se dio en el exterior.
Pasos
Cuando se reúnan todos los documentos hay que archivarlos en una carpeta tamaño oficio.
Pasos
Esta carpeta deberá ser consignada en el Saime más cercano a su residencia. Allí se le indicará en cuantos días debe volver para saber si están en orden sus documentos y procede a la nacionalización.
Pasos
Las personas mayores de 18 años y hasta los 60 deben cancelar 15 unidades tributarias., mientas que los menores de edad y adultos mayores son exonerados.





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22 abril, 2016

Incertidumbre guerrillera en montañas de Córdoba y Antioquia


Desde La Habana, Cuba, voceros de las Farc y los negociadores del gobierno nacional anuncian que un acuerdo de paz entre ambas partes está más cerca que nunca. Mientras tanto, en Colombia, los insurgentes rasos se preguntan qué pasará con sus vidas tras el histórico momento.
El reloj aún no marca las 8 de la mañana y en Saiza, un caserío incrustado en las estribaciones de la serranía de Abibe, en pleno corazón del Nudo de Paramillo, ya se siente un calor intenso y un aire impregnado de humedad.
El pueblo es pequeño, con dos hileras de casas antiguas y empedradas callejuelas que desembocan en una polvorienta plaza central. En medio de ella se erige un pequeño templo católico de paredes blancas curtidas por el polvo, que termina en un campanario sin campana y cuyos bordes se los come el moho. Los locales comerciales se resumen en dos billares, un restaurante, una tienda, una proveeduría y una miscelánea.
Es un domingo cualquiera, y a esa hora de la mañana solo el restaurante está abierto al público. Allí, una mujer se esmera en asear el lugar aprovechando que no hay comensales que atender. Dos niños entran y salen repetidamente del establecimiento. Junto a la cabecera del largo tablón que sirve de mesa está sentada una joven mulata de ojos vivaces que mira con detenimiento las puntas de sus rizos negros. Ninguno de ellos parece percatarse de la pistola color plomizo que hay sobre el tablón, metida en una funda color verde.
Tampoco hay mayores sobresaltos cuando aparece el dueño del arma. Es de Antonio*, un guerrillero del Frente 5 las Farc que la dejó allí mientras buscaba alimento para unas mulas que tendrán un largo viaje. Su presencia sobresale en aquel lugar. Su contextura maciza y su mediana estatura, su sudadera negra y su camiseta azul, contrastan con las figuras delgadas de los labriegos, que visten jeans desgastados y camisas roídas por el trajín propio del trabajo del campo.
El tipo no anda solo. Dos jóvenes, que visten de forma similar y que no parecen superar los 20 años, le ayudan con su faena: le dan de comer a los animales, revisan que sus herraduras estén en perfecto estado, amarran bien las monturas, equilibran bien la carga que llevarán monte adentro. Todos terminan bañados en sudor. El calor a las 9 y 30 de la mañana ya es insoportable. Antonio regresa por su arma, saluda con cortesía, pero a la vez con distancia, y cancela algunas deudas pendientes.
A una señal suya, se suben a las mulas y comienzan una larga jornada que los conducirá a un campamento insurgente, en algún lugar selvático del Nudo del Paramillo. A ellos los acompañan tres periodistas que pretenden conocer qué piensan del proceso paz los integrantes de los frentes 5 y 58 de las Farc desde su cotidianidad en los campamentos.
La presencia de los subversivos no toma por sorpresa a nadie en Saiza. Desde el mismo momento en que un puñado de colonos antioqueños que huían de la violencia partidista, a mediados de los años 40 del siglo XX, fundaron este pueblo en tierras del municipio cordobés de Tierralta, sus habitantes han tenido que lidiar con la presencia de hombres armados pertenecientes a todos los grupos, tanto ilegales como legales.
En su momento fue la guerrilla del Epl, que surgió en 1967 en el Alto Sinú cordobés, muy cerca de Saiza. A finales de la década del noventa fueron los paramilitares de los hermanos Castaño, responsables de que el caserío sea un triste recuerdo del esplendor que alguna vez tuvo. Ahora son las Farc, que desde la última tregua unilateral que decretaron, el 20 de julio de 2015, se mueven con mayor soltura en la región.
Un par de años atrás, por esos mismos caminos que ahora recorren Antonio y sus acompañantes, se movían las tropas de la Fuerza de Tarea Conjunta Nudo de Paramillo (Funup), adscrita a la VII División del Ejército Nacional, para combatir a los frentes 5, 18 y 58 de las Farc, que erigieron en sus montañas un santuario que conocen al detalle. “Por todas las partes donde nos metimos, también se ha metido el Ejército”, cuenta el guerrillero.

En las entrañas del Nudo


En lo más profundo del Paramillo, la vegetación se torna exuberante y los caminos agrestes. Por momentos, se observan, desperdigadas, rústicas viviendas de madera habitadas por colonos e indígenas, quienes no tienen ningún impedimento para vivir en medio de las dificultades. Aunque pareciera que es tierra de nadie, en realidad se encuentran en terrenos del Parque Nacional Natural Paramillo, asunto que es bastante traumático para unos y otros. (Ver más en artículo: El Paramillo, un nudo difícil de entender)
Por cuenta de los avances de los diálogos de paz, en esta región hace rato no suenan las ráfagas de fusil. El Ejército retiró varios puestos de control, mientras los guerrilleros permanecen acuartelados. Nadie da motivos que preocupen a su enemigo. Por ahora.
El grupo que lidera Antonio lleva varias horas a lomo de mula. Al descender por una de las tantas estribaciones, aparece Duván*, guerrillero del Frente 58 de las Farc, quien se une al grupo. Tiene la particular destreza de manejar con una mano las riendas de la mula que cabalga y con la otra su fusil de dotación con una agilidad que sorprende.
Pocos kilómetros después, Antonio y el grupo arriban a una planicie donde ondean en la misma asta dos enormes banderas, una de Colombia y una blanca, de igual tamaño. Aparte del pabellón nacional y el símbolo por excelencia de la paz, allí solo se divisa una casa de madera levantada en palafitos, que si bien parece abandonada, el insurgente explica que es un aula de clase para los guerrilleros. “A veces hacemos las pedagogías ahí”, agrega.
Aunque Antonio es un hombre de palabras precisas y algo silencioso, cuenta que es oriundo de una vereda de Ituango, un pueblo en el norte de Antioquia donde las Farc son tan viejas como los deseos del empresariado antioqueño de construir allí la represa más grande del país, Hidroituango. Antes de cumplir 16 años, empujado por la convicción de que vivía en una tierra de no futuro y seducido por el poder que transmiten en esas tierras abandonadas un camuflado y un fusil, se incorporó al Frente 18. Allí estuvo hasta pocas semanas antes de la muerte de ‘Román Ruiz’, comandante de esa unidad guerrillera, quien perdió la vida tras ser bombardeado por el Ejército en zona selvática del municipio de Riosucio, Chocó, el 25 de mayo de 2015. Hoy integra el Frente 5, que comanda ‘Ariel Rodríguez’, y ya ajusta cerca de diez años en la insurgencia.
La historia de Duván es similar. Cuando tenía 11 años de edad murió su padre y, como el segundo hombre de una familia de siete mujeres, debió abandonar sus estudios para atender los asuntos de la finca paterna, ubicada en una vereda del corregimiento Ochalí, de Yarumal. Rápidamente sus hermanas comenzaron a dejar el hogar para resolver sus vidas y, viéndose solo, no tuvo más opción que buscar trabajo en fincas cafeteras de la región.
Dos años después, Duvan conoció una comisión de las Farc que apareció en la finca de Ituango donde se encontraba laborando. Los guerrilleros llegaron con un discurso contra la explotación laboral del jornalero que abunda en esos parajes. Pero no fue eso lo que lo motivó a ingresar a la guerrilla.
“Pa’qué, pero me gustaron las armas. Esa imponencia de esa gente con esos fusiles, sentí que podía estar ahí y por eso dije que me llevaran con ellos”. Luego de tres meses de espera, lo reclutaron para el Frente 18. Esas primeras semanas en la guerrilla no fueron lo que esperaba. “Mucho estudio”, recuerda Duván. Cómo tuvo que abandonar la escuela con apenas el primer año de formación, un guerrillero tuvo que enseñarle a leer los capítulos, artículos y parágrafos que componen el reglamento interno de las Farc, algo así como el código de deberes y de comportamiento que debe acatar un insurgente. El no hacerlo puede acarrear duros castigos.
Al cabo de seis meses, Duván comenzó a recibir entrenamiento militar. Su primer arma fue una escopeta; luego, una pistola; después, un fusil Galil. Y así, en medio de fierros y duros combates con los ‘paras’ y con el Ejército, se hizo adulto. Tras la muerte de ‘Román Ruiz’, pasó al Frente 58. Hoy tiene 20 años.


Incertidumbre guerrillera

“Llegamos”, dice Antonio al arribar al primero de varios campamentos de las Farc esparcidos en un radio no mayor a cinco kilómetros. Es una desvencijada casa de madera; sobre la cima de un pequeño cerro, otro grupo pasa las horas en improvisados cambuches; y uno más está a varios cientos de metros más allá, en una explanada. En cada sitio no hay más de 20 combatientes.
En esos campamentos, las rutinas de los combatientes incluyen, además de los ejercicios físicos matutinos, buscar agua, hacer de comer y montar guardia, una sesión de estudio diaria, donde escuchan las últimas noticias del proceso en la voz del propio “camarada ‘Timochenko’”, máximo jefe del grupo insurgente.
“Todos los días nos levantamos a eso de las 5 de la mañana. Tomamos café, el comandante prende el radio y nos sentamos a escuchar al ‘camarada Timo’ que nos habla sobre el proceso de paz. Todos los días nos hablan de cómo va el proceso. También escuchamos noticias y las analizamos”, cuenta Duván.
Pese a esa inyección de conocimiento, este joven insurgente no oculta su escepticismo sobre el desarrollo de los diálogos: “Hasta ahora sabemos de unas garantías para los guerrilleros de las Farc, del problema con las zonas de concentración y de la dejación de armas y eso se ve duro todavía”.
Y es que entre más avanzan los diálogos de paz en La Habana, en la profundidad del Paramillo aumenta la incertidumbre entre los guerrilleros rasos. Duván, por ejemplo, se pregunta qué será de su vida si se desintegran las Farc: “Nos han dicho que vamos a convertirnos en un movimiento político. Pero la verdad es que muchos de los guerrilleros que estamos aquí, de política poco. Nos atrae más lo militar. Si lo del proceso de paz se da y dependiendo de las garantías que haya, me pongo a estudiar. Habrá que esperar a ver qué pasa”.
Su compañero de filas, Jairo*, también se pregunta lo mismo. Ingresó a las Farc en 1998, recién cumplió su mayoría de edad. La sed de venganza motivó su ingreso a la guerrilla. Por aquellos años, en su natal Dabeiba se movía con toda libertad un grupo paramilitar liderado por un temido hombre al que se le conocía como ‘Escalera’. No había vereda ni caserío, por alejado que fuera, donde no se hablara de su crueldad: que mataba a sus víctimas a golpes de bate de béisbol y descuartizaba sin piedad. Hasta que un día, mató a un hermano de Jairo. “O era morir a manos de los ‘paras’ o meterme a la guerrilla. Porque a mí que me maten peleando, no así. Por eso me metí a la guerrilla”, recuerda.
Desde entonces se convirtió en uno de los más fieros combatientes del Frente 58. Tanto, que tiene bajo su responsabilidad el manejo de un fusil M82, de alta potencia y precisión al que llaman “punto cincuenta”. Es un arma con alcance para derribar un helicóptero y que la guerrilla emplea para contrarrestar la supremacía aérea que tiene el Ejército.
Sin embargo, desde que las tropas farianas decretaron el cese al fuego y los combates con las fuerzas militares se han reducido ostensiblemente, Jairo le ha sacado tiempo a uno de sus pasatiempos predilectos: la guitarra, que aprendió a tocar mucho antes de saber cómo disparar un fusil. En la profundidad del Paramillo ha logrado componer 30 canciones a ritmo de guasca cuyo tema principal es el proceso de paz.
Y en todas ellas se advierte la misma preocupación: ¿Qué pasará una vez se firme un histórico acuerdo de paz con el gobierno nacional? “Todos los guerrilleros esperamos eso. Pero, ¿y si no hay garantías? Lo cierto es que no nos podemos desintegrar como movimiento porque, entonces, ¿pa’donde cogeríamos? Y tenemos que estar juntos para la transformación en movimiento político”, dice el músico.

¿Y las armas? 

Son las 4 de la tarde de un martes en el que la selección Colombia de mayores juega en Barranquilla contra Ecuador, a miles de kilómetros de allí. En medio de una espesura donde no hay energía eléctrica, ni acueducto, mucho menos internet o señal de telefonía celular, un grupo de guerrilleros, junto a los tres periodistas, ven el partido en una casa de madera cercana al campamento.
“Funciona con paneles solares. Son capaces de generar energía de 12 voltios. O sea, para un televisor así pequeño y dos bombillas. ¿Qué cómo tenemos eso? Bueno, llegaron diciendo que si queríamos ensayar. ¿Quiénes? Pues, la verdad, eso no lo sé yo ¿La señal? Direct TV. Se recarga en Carepa y ya”, explica un joven campesino residente en la rústica casa.  
El triunfo de la tricolor inspira un partido de fútbol entre varios de los combatientes en una improvisada cancha junto a la desvencijada casa. En ella fueron puestos los fusiles de quienes le sacaron un rato al juego. Antonio no quiso jugar, tampoco soltar su fusil, que lo acompaña día y noche a donde vaya.
- ¿Y por qué no lo dejas, si estás con tu gente? - le pregunta uno de los periodistas.
-La costumbre. Es lo primero que agarro cuando me levanto.
- Y entonces, cuando llegue el momento de dejar las armas, ¿qué harás?, pregunta nuevamente el periodista.
El largo silencio se torna incómodo. Antonio le da una larga calada a su cigarrillo y responde con desdén: “mmm, ahí sí la piensa uno”.
Y es que si hay tema que ponga a pensar a los guerrilleros de las Farc es la dejación de armas. Para muchos de ellos, es lo que le da sentido a su existencia. En las profundidades del Paramillo, un fusil da poder y por ello, lo que ordenan (cuidar las fuentes de agua, no talar ni quemar más bosque, sembrar o no sembrar coca) es acatado sin reparos por los campesinos.
Ahora que el proceso de paz entró en ese delicado punto de la desmovilización de la guerrilla, a muchos les cuesta imaginarse un futuro sin armas. “Yo, por lo menos, estoy de acuerdo con lo que decía el ‘camarada (Manuel) Marulanda’: es que las armas son de nosotros. Otra cosa es que las guardemos y no las usemos, pero, ¿entregarlas? Yo no estoy de acuerdo. Y menos al Ejército”, responde Duván, a quien lo asalta el mismo temor que a Antonio, Jairo y demás guerrilleros acuartelados allí, en el Paramillo: que una vez dejen las armas inicie contra ellos un proceso de exterminio sin piedad. “Listo, entregamos las armas, y si el gobierno nacional no da garantías y nos empiezan a matar a mansalva, ¿qué? Esa es la otra”.
- ¿Y te irías a trabajar con los ‘Gaitanistas’? - le pregunta uno de los periodistas
- Pues, no creo. Uno está aquí porque está peleando por algo. Ellos allá quien sabe porque están, por la plata será. Me preocupa más bien otra cosa- dice Duván al tiempo que reduce al mínimo el tono de su voz.
- ¿Y qué será?
- La gente. Muchos creen que apenas nos vayamos nosotros llegarán los ‘paras’ y los van a matar. De hecho, están por acá cerca y nadie está haciendo nada. Muchos nos han dicho que no dejemos los fierros. O que se los entreguemos a ellos para defenderse. Y si eso pasa, téngalo por seguro que yo vuelvo a coger las armas- sentencia.
Son las 5 de la mañana del miércoles. Antonio es el responsable de guiar nuevamente a los periodistas hasta Saiza, donde emprenderán su viaje de regreso a Medellín. Después de dos días de permanecer con ellos en el campamento, les indica cuál será el itinerario del día siguiente. Esta vez el camino es más escarpado, arduo, difícil, pero más corto. Y así como apareció de la nada, también, en determinado punto del trayecto, Duván se pierde sin dejar rastro. El grupo llega pasadas las 10 de la mañana. El pueblo luce desolado. Y Antonio también se ha ido sin dejar ningún rastro.
Para Salir de Saiza hay que tomar un vehículo que viaja por una trocha hasta llegar al sitio conocido como El Cerro y de ahí unas tres horas de viaje hasta Carepa. Es mediodía. Al llegar a este municipio del Eje Bananero, los periodistas se encuentran con una desagradable sorpresa: las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (Agc) acaban de decretar un paro armado que iniciará a las cero horas del jueves. El último bus que despacharán para Medellín saldrá en 15 minutos.

* Nombre cambiado por petición de la fuente


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