10 mayo, 2016

30 años de barbarie paramilitar

Las Autodefensas nacen en el Magdalena Medio, se consolidan bajo el mando de los hermanos Castaño en Urabá y logran su mayor auge y expansión a finales de la década de los 90 bajo una sombra de masacres, desplazamientos y la financiación del narcotráfico. Esta es la historia del paramilitarismo en Colombia de los últimos 30 años.

El 19 de febrero de 2005 el recién nombrado comandante general de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) Ramón Isaza Arango relataba, dese su punto de vista, lo que había sido el nacimiento del fenómeno paramilitar:
“Un 22 de febrero del año 1978, hace ya 27 años, a la vereda la Estrella, del Corregimiento La Merced o Las Mercedes, como se le conoce comúnmente, en aquel entonces jurisdicción del Municipio de San Luís (Antioquia), hoy de Puerto Triunfo, incursionó una patrulla del noveno frente de las FARC, esta vez con órdenes específicas de asesinar a varias personas, a quienes acusaban de colaborar con el ejército, y como retaliación, porque no les colaboraban con ganado vacuno, o porcino, o con aves de corral, con dinero o con hijos para reclutarlos.
En la lista me encontraba yo, Ramón Isaza, por ese entonces líder comunitario, concejal en San Luís, en representación de Puerto Triunfo.
 En otras ocasiones habían llegado, las primeras, a manera de visita informativa, luego a que se les colaborara con animales o dinero, más tarde se llevaban los animales, o los mataban ahí mismo sin informar siquiera. 
Esto había sembrado el descontento entre los habitantes de la vereda y algunas medidas que se tomaron hacían prever que alguna de esas visitas tendría un desenlace fatal. Analizando eso en conversaciones que tuve con los vecinos, decidimos buscar ayuda y agruparnos para defendernos, para defender la vereda. Como ya se habían contactado en otras oportunidades con el ejército, decidimos entonces ir a buscar ayuda, esta vez, no para que mandaran patrullas hasta la vereda, sino para que nos dieran armas para nosotros mismos hacerles frente, en caso de algún ataque que no diera tiempo de avisar.

En la base Calderón, ubicada cerca a Puerto Boyacá, con otros amigos expusimos la situación al Comandante de la base y luego de mucho hablar y recibir algunas instrucciones, nos entregaron 8 escopetas, de varios calibres, con suficientes cartuchos, ellas no en muy buen estado, porque eran de las decomisadas a las personas que no tenían permiso para portarlas, las cuales repartimos entre quienes nos habíamos comprometido a conformar este grupo para autodefendernos y no sufrir más el chantaje, la intimidación y el saqueo a que nos estaban sometiendo y que menguaba gravemente la economía de nuestros hogares.” (Descargar carta de Ramòn Isaza en PDF)
Isaza recordaba las consecuencias de las disposiciones adoptadas por el Decreto Legislativo 3398 de 1965 de diciembre 24 – “por el cual se organiza la defensa nacional”-, convertidas en legislación permanente con la Ley 48 de 1968 (diciembre 16), que en uno de sus apartes señalaba que “El Ministerio de Defensa Nacional por conducto de los comandos autorizados, podrá amparar, cuando lo estime conveniente, como de propiedad particular, armas que estén consideradas como de uso privativo de las Fuerzas Armadas”. 
De este modo, bajo el amparo de esta ley, las Fuerzas Militares tuvieron un aval para proveer de armas a los particulares y con ello frenar cualquier brote de inconformismo social o amenaza subversiva. Fue en la zona del Magdalena Medio, en el municipio de Puerto Boyacá, donde este modelo fue cristalizado y perfeccionado por primera vez.
Si bien este antecedente marca un hito importante dentro de la historia del paramilitarismo, progresivamente otro tipo de factores influyeron en su expansión y transformación: el narcotráfico, el ascenso de nuevos poderes políticos regionales, la radicalización de ciertos sectores de las fuerzas militares y desde luego la extralimitación de los grupos guerrilleros, le dieron todas las razones a la dinámica paramilitar a nivel nacional.
La siguiente división histórica corresponde a un análisis del fenómeno paramilitar en Colombia, su objetivo primordial es dotar al lector de un contexto básico que permita entender el proceso, no definir de forma tajante el desarrollo del mismo:
El comienzo(1981-1991)
Reactivación(1992-1996)

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