29 septiembre, 2009

Por buscar la verdad, víctimas de Valledupar sufren nuevos riesgos

Justicia y Paz. que fue desaparecida por hombres de Jorge 40, ahora están siendo victimizadas otra vez con seguimientos y advertencias.
Varias víctimas reportaron amenazas en la úlitma versión libre de 'El Tigre'.

Desde hace dos años familiares de desaparecidos, ejecutados y desplazados por los paramilitares en Cesar vienen denunciando que los están intimidando por sus acciones en busca de la verdad y la justicia . María Ramírez*, esposa de un desaparecido dijo preocupada que “aunque los ‘paras’ se desmovilizaron, el peligro sigue ahí. En Valledupar se vive una tensa calma”.

El último episodio de intimidaciones se remonta a principios de septiembre de 2009 cuando Jhon Jairo Esquivel, alias ‘El Tigre'; Alcides Manuel Mattos, alias ‘Samario’; Jader Luis Morales, alias ‘JJ’ y Javier Ernesto Ochoa, alias ‘Mecánico’, miembros del Bloque Norte de las AUC, rendían versión libre conjunta por la desaparición de siete miembros del CTI el 9 de marzo de 2000 en el Cesar.

Según el representante de las víctimas, en la audiencia, un altercado puso a ‘JJ’ y a ‘Mecánico’ contra Iván Otero, abogado de ‘El Tigre’ y ‘Samario’. Al principio de la diligencia ‘JJ’ y ‘Mecánico’ dijeron que Iván Otero los presionó para que sus confesiones sobre la desaparición de los siete funcionarios del CTI concordaran con las de ‘El Tigre’ y ‘Samario’. Varias personas que asistían a la diligencia de Justicia y Paz de Valledupar contaron que Iván Otero increpó a ‘Mecánico’ por cambiar de parecer y ceder a la presión de las víctimas.

Funcionarios de la Fiscalía afirmaron que en la audiencia no pasó nada raro pero confirmaron que tras la diligencia judicial, Iván Otero renunció a la defensas de ‘El Tigre’ y ‘Samario’, pues dice estar amenazado por su actividad.

Intimidaciones en Valledupar
A raíz del incidente, varios familiares de los desaparecidos del CTI fueron intimidados. Denunciaron que después de la versión libre Iván Otero, el abogado de los desmovilizados, tomó fotos con su teléfono celular a los presentes en la sala de víctimas.

Además la esposa de uno de los investigadores del CTI relató que un hombre la estuvo siguiendo mientras se dirigía a la versión de ‘El Tigre’. Contó que, a pesar de cambiarse de ropa, de volver a su casa y de coger un bus, el individuo no se despegó de ella.

Uno de los parientes expresó que tras la versión libre, dos individuos se sentaron dos días seguidos frente a su oficina, haciéndole señas, intimidándolo y amenazándolo.

Otra de las víctimas dijo que la ola de intimidaciones comenzó hace casi dos años. En la marcha contra el secuestro del 4 de febrero de 2008 dos hombres en una moto negra se acercaron a un grupo de familiares de desaparecidos del CTI y los amenazaron advirtiéndoles que si seguían yendo a las audiencias les pasaría lo mismo que a sus parientes. La víctima relató que en varias ocasiones una camioneta de vidrios polarizados se ha quedado parqueada frente a su casa.

Aunque esta vícima tiene protección especial del Ministerio del Interior, dice que no se siente tranquila pues “la desmovilización en el Cesar fue una mentira”. Declaró que su familia ya no tiene vida social, que salen sólo cuando es necesario, para ir al trabajo o a hacer compras.

"Nueve años después no sabemos nada"
El caso de los desaparecidos del CTI ya fue evocada en varias versiones libres, pero por ahora no se sabe nada sobre lo que les pasó a los siete funcionarios. Los desmovilizados que actuaban en la región para el momento de los hechos han dado versiones contradictorias.

‘El Tigre’ dijo que los cuerpos fueron enterrados en una fosa común, pero también afirmó hace poco, que los paramilitares arrojaron los siete cadáveres a orillas del río Cesar, donde una creciente puede haberse llevado los restos.

Así la Fiscalía y las víctimas han estado en cerca de 18 inhumaciones sin ningún resultado. Las víctimas ya no tienen mucha fe en las versiones libres de 'El Tigre', pero afirman que no se dejarán acobardar y seguirán pendientes hasta que aparezcan los cuerpos.

Los abogados de las víctimas argumentan que las contradicciones de ‘El Tigre’ deberían conducir a la exclusión del ex paramilitar del Bloque Norte de Justicia y Paz pues no está comprometido con la verdad.

Sin embargo ‘El Tigre’ ha confesado también su participación en casos diferentes al del CTI y que suman 1.250 víctimas y colaboró para esclarecer la masacre de El Salado donde tuvo una activa participación. “Su contribución no ha sido nula, por eso no va a salir de Justicia y Paz”, dijo un funcionario de la Fiscalía.

Los representantes de las víctimas también afirmaron que Iván Otero puede ser inculpado por falso testimonio y fraude procesal pero hasta ahora no se ha radicado ninguna denuncia contra él.

*Nombre ficticio por razones de seguridad.



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24 septiembre, 2009

Estados Unidos y la masacre de El Salado

Semana. Por Michael Evans, investigador del National Security Archives*¿Conspiración de silencio? Estados Unidos y la masacre de El Salado La Comisión de Memoria Histórica, encargada de escribir la historia del conflicto armado colombiano construyó un relato, que ha debido hacerse hace tiempo, sobre una de las más horrendas e indiscriminadas atrocidades en la historia colombiana, la de El Salado. La Comisión de Memoria Histórica, encargada de escribir la historia del conflicto armado colombiano construyó un relato, que ha debido hacerse hace tiempo, sobre una de las más horrendas e indiscriminadas atrocidades en la historia colombiana, la de El Salado.
Documentos estadounidenses desclasificados revelan que la Embajada en Bogotá no hizo mucho cuando supo que la Fuerza Pública colombiana no evitó la masacre y sólo capturó a 11 de los 450 paramilitares responsables. El Plan Colombia estaba en juego


La cuestión del papel exacto que desempeñaron miembros de la Fuerza Pública en la masacre de El Salado de febrero de 2000 ocupa una parte pequeña, pero crucial, de la investigación presentada este martes en Bogotá y que fue realizada por la Comisión de Memoria Histórica.

Este grupo independiente encargado por la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación de escribir la historia del conflicto armado colombiano construyó un relato, que ha debido hacerse hace tiempo, sobre una de las más horrendas e indiscriminadas atrocidades en la historia colombiana. Su trabajo es también una urticante acusación a la cultura de impunidad que ha evitado que sean investigados y debidamente juzgados los miembros de las fuerzas de seguridad colombiana apostados entonces en esa región y que pudieron estar involucrados.

Las muertes se desarrollaron en cinco días fatales, durante los cuales cientos de paramilitares, principalmente del Bloque Norte de las Auc, descendieron sobre El Salado y otros pueblos de la región, dejando tras de sí una estela de tortura, destrucción y asesinatos.

Pero mientras los paramilitares que cometieron la masacre fueron identificados hace tiempo, el papel preciso que desempeñaron en esta los militares nunca ha sido determinado de manera definitiva. Sin embargo, y a pesar de que tuvieron un acceso muy limitado a los archivos militares, el informe de la Comisión establece enérgicamente la responsabilidad del Estado colombiano en la masacre:

“La masacre de El Salado cuestiona no sólo la omisión sino la acción del Estado. Omisión con el desarrollo de los hechos porque no se puede entender cómo la fuerza pública no pudo prevenir ni neutralizar la acción paramilitar. Una masacre que duró cinco días y que contó con la presencia de 450 paramilitares, de los cuales solo fueron capturados 15 una semana después de que acabó la masacre”.

Para Estados Unidos, la posible participación de miembros de la Fuerza Pública colombiana en los crímenes de los paramilitares era el meollo de la cuestión. El Plan Colombia, que proponía un aumento masivo de la ayuda estadounidense a los militares colombianos, apenas arrancaba y éste venía condicionado a que el gobierno colombiano demostrara que la Fuerza Pública había roto los viejos lazos que pudiera tener con las fuerzas paramilitares.

Documentos estadounidenses desclasificados sobre la época revelan, sin embargo, que las exigencias a los militares colombianos eran mínimas. Así por ejemplo, la Embajada de Estados Unidos en Bogotá vio como un factor positivo el hecho de que las fuerzas de seguridad hubiesen capturado apenas a 11 de los 450 hombres del paramilitarismo involucrados en lo que caracterizó como “una orgía indiscriminada de violencia ebria”. En su primer informe sobre El Salado, que envió a Washington unos días después de la matanza, la Embajada bajo Curtis Kamman, dijo que era “la primera vez que esa entidad recordaba que los militares, en este caso la Armada, persiguieran a los paramilitares con algún vigor después de las atrocidades”. Los capturados del caso de El Salado, al parecer, era una historia de éxito militar, y la Embajada tuvo muy poco más qué decir por los siguientes cinco meses. Lea el documento 1.



Estados Unidos no ha debido sorprenderse demasiado con las denuncias de que miembros de la Fuerza Pública estuvieran involucrados en El Salado. En el año anterior, funcionarios estadounidenses con frecuencia habían expresado dudas sobre la voluntad de los militares de combatir las fuerzas paramilitares.

• En una reunión de enero de 1999 organizada por las Fuerzas Armadas colombianas con representantes de ONG y a la que fue personal de la Embajada, el subcomandante del Ejército, general Néstor Ramírez, dijo que “no era asunto del Ejército perseguir paramilitares” pues eran “criminales comunes apolíticos” que “no amenazaban el orden constitucional mediante acciones subversivas”. Lea el documento 2.



• Otro reporte de 1999 de fuentes militares de Estados Unidos encontró que las Fuerzas Armadas colombianas “no perseguían activamente a los grupos paramilitares porque los veían como aliados de la lucha contra las guerrillas, su enemigo común”. Lea el documento 3.



• Estados Unidos también estaba muy consciente del “síndrome del conteo de bajas” (body count) que incentivaba las violaciones a los derechos humanos entre las fuerzas de seguridad colombianas. Informes de inteligencia de los noventa describían acciones de “escuadrones de la muerte” por parte de las Fuerzas Armadas. Un coronel del Ejército colombiano dijo a Estados Unidos que el énfasis en conseguir muertes del enemigo “tiende a incentivar las violaciones a los derechos humanos porque hace que soldados bien intencionados busquen cumplir con su cuota de muertos del enemigo para impresionar a sus superiores”. Y también dijo que este síndrome lleva a una aproximación “caballeresca, o por lo menos pasiva, cuando se trata de permitirle a los paramilitares servir de adláteres… (al Ejército colombiano) que contribuyen a causarle bajas a la guerrilla”. Lea artículo de Semana.com sobre la vieja práctica de presentar falsos positivos.

• Evidencias de participación de militares en las masacres de La Gabarra dejó escaso margen de duda de que había oficiales militares que veían a las fuerzas paramilitares como aliadas de la lucha contra las guerrillas. El coronel del Ejército Víctor Hugo Matamoros, responsable de la región alrededor de La Gabarra dijo a personal de la Embajada que él no perseguía a paramilitares en su área de operaciones. En otra ocasión, la oficina de la Vicepresidencia colombiana dijo a la Embajada que tropas del Ejército colombiano “se habían puesto brazaletes de las AUC” y habían participado en una de las masacres. Lea el documento 4.



Patrones similares emergieron unas semanas después de la masacre de El Salado. En marzo de 2000, fuentes militares estadounidenses informaron sobre los movimientos de la Fuerza Pública colombiana en los días de las matanzas. Enterrado en los detalles, en un Reporte de Información de inteligencia, basado en una fuente no identificada, hay un párrafo corto que indica que “muchos de los paramilitares capturados vestían uniformes de los militares colombianos”. Esto, dijo la fuente, sugería que “muchos de los paramilitares son ex militares, o que obtenían sus uniformes de militares o ex militares”. Lea el documento 5.



Pero aparentemente no fue sino hasta julio, cuando el diario The New York Times publicó una detallada investigación de la presunta complicidad de militares en la masacre, que la Embajada empezó a tomarse en serio las denuncias. Entre otras cosas, el artículo del Times encontró que fuerzas de la Policía y la Armada colombianas había dejado el pueblo antes de las matanzas y empezaron a montar bloqueos de los caminos para evitar que la ayuda humanitaria llegara. Y de todas maneras no hicieron nada para detener la carnicería paramilitar. Aún así, un memorando del Departamento de Estado elaborado para responder preguntas de la prensa sobre el caso, de nuevo destacaba la captura de los 11 paramilitares como evidencia de que las fuerzas de seguridad habían perseguido a los perpetradores. Lea el documento 6.



“(Una fuente) cree que es probable que el Ejército supo por informes de inteligencia que los paramilitares estaban en el área, pero se fueron antes de la masacre. Entonces los paramilitares entraron en camiones desde Magdalena, fueron a Ovejas y después siguieron a El Salado…”

La fuente también consideró que los militares “capturaron a los 11 paramilitares por suerte”, y añadió que “los militares fueron atacados en la finca La Esmeralda y luego procedieron a detener a los once paramilitares, después de ganarles”. La nueva información, aparentemente, cambió la visión de las cosas. Ahora para la Embajada la cuestión no era de si los militares habían estado involucrados o no, sino hasta qué grado lo estuvieron.

Las sospechas de la Embajada de Estados Unidos sobre el papel de los militares en El Salado son también evidentes en un cable de agosto de 2000 sobre un informe que había dado a la Embajada el coronel Carlos Sánchez García de la Primera Brigada de Infantería de la Armada. Sánchez defendió las acciones de su unidad, diciendo, entre otras cosas, que los recursos militares eran escasos y que “no tuvieron conocimiento alguno sobre un ataque en El Salado o en sus alrededores”.

Una versión del cable desclasificada en 2001 presenta la explicación del coronel Sánchez por sí sola, sin más análisis. Sin embargo, una versión más completa de este mismo documento desclasificado en 2008, incluye porciones que no habían sido reveladas y que cuestionan la credibilidad del coronel Sánchez:

“Comentario: El coronel Sánchez dijo que su propósito era presentarle a la Embajada con la versión de la Brigada sobre los hechos alrededor de El Salado y disputar las acusaciones hechas en el artículo de julio 14 de The New York Times. Porque el coronel Sánchez fue enviado con este propósito, su informe debe ser tomado con distancia”.

La Embajada también dudó de la afirmación de Sánchez de que su unidad no tenía conocimiento de la incursión paramilitar:

“Es difícil de creer que el pueblo de El Salado no había sido sujeto de amenazas de un ataque antes de la masacre, considerando que el pueblo está situado en un área de gran conflicto”.

A la postre, la cuestión de la posible culpabilidad de los militares en El Salado vino a girar en torno al comandante de Sánchez, el general Rodrigo Quiñonez Cárdenas, un oficial perseguido a lo largo de su carrera por denuncias de presuntos nexos con abusos a los derechos humanos, tráfico de drogas y complicidad con los paramilitares.

En 1994, Quiñones, fue investigado por los asesinatos de más de 50 sindicalistas, periodistas, políticos, defensores de derechos humanos y otras personas en Barrancabermeja, por entonces considerada un bastión de la guerrilla. Fue exonerado por un tribunal militar.

Quiñones no era precisamente un extraño para Estados Unidos. Como director de inteligencia de la Armada a comienzos de los noventa, Quiñones estuvo en frecuente contacto con oficiales estadounidenses, incluyendo una reunión con el Director de Inteligencia de la Armada de Estados Unidos en 1993. Lea el documento 7.



Un esquema biográfico de Quiñones realizado por militares estadounidenses en 1992 describía numerosos detalles sobre sus hábitos personales: “Le gusta leer”, “Dientes-Sí/Naturales”, y anotaba que participaba en “entrenamiento desconocido” en la base del Cuerpo de Marines de Estados Unidos en Quantico, Virgina. Lea el documento 8.



Con relación a El Salado, Quiñones ha sostenido siempre que él estaba en Bogotá durante las matanzas y que por tanto no fue responsable de las acciones de la Brigada en ese momento. Por su firme coartada, Quiñones fue solo sancionado por El Salado, lo que lleva a los investigadores de la Comisión de Memoria Histórica a lamentar que no se hayan investigado otras pistas. Se preguntan: ¿Por qué no se miró la información que tuvo a disposición la Brigada en los momentos antes del ataque?

"Si bien es cierto que se encontraba en Bogotá cuando empezó la incursión paramilitar, hacia el día 15 de febrero, y en ese sentido la responsabilidad de las decisiones operacionales en terreno estaban en el Coronel Sánchez García, también es cierto que como Comandante de la Primera Brigada de la Infantería de Marina, el Contraalmirante Quiñones Cárdenas debía conocer de la información que, según la Procuraduría, arribó, en los meses anteriores, a la Primera Brigada sobre las Autodefensas y sobre el riesgo de la población establecida en los Montes de María. Información que, de acuerdo con la evaluación de la Procuraduría, debió haber servido para prevenir la incursión paramilitar, y no solo para contrarrestarla cuando ya se estaba produciendo".

¿Por qué tampoco la investigación judicial indagó sobre la actuación de Quiñones cuando regresó de Bogotá en febrero 18?

El entonces Coronel Quiñones Cárdenas regresó, de Bogotá a su base, el 18 de febrero y era razonable indagar, por tanto, no sólo por su actuación antes y durante la incursión paramilitar, sino también por su actuación después de la incursión.

En todo caso, Quiñones fue ascendido a almirante después de El Salado, y no fue sino hasta 2001, después de las acusaciones de que podía estar involucrado en otro ataque paramilitar, que la Embajada finalmente aumentó su presión sobre este oficial. Son pocos y muy censurados los documentos de la Embajada sobre la masacre de Chengue en agosto de 2001, pero los registros conocidos dejan escasas dudas de que para 2002, la Embajada solicitó que se le revocara la visa al almirante Quiñones y estaba lista para cortar lazos con él.

En abril de 2002 la Embajada pidió que se le quitara la visa pero no por su posible responsabilidad en asesinatos o masacres paramilitares. Más bien fue que el Departamento de Estado usó la única evidencia que estaba dispuesta a presentar: “información indicando que él había recibido pagos de narcotraficantes”, añadiendo así otra más a la larga lista de denuncias contra Quiñones. Lea el documento 9.



La cancelación de su visa terminó la carrera del almirante, un hecho confirmado por la ministra de Defensa de entonces Marta Lucía Ramírez cuando éste anunció su renuncia “voluntaria”. Y aunque realmente nunca la justicia civil lo ha investigado exhaustivamente por las muertes de Barrancabermeja, o por su supuesto rol en las masacres de El Salado o de Chengue, parece claro que el solo número de denuncias en su contra a lo largo de su carrera finalmente forzaron su salida.

Cuando informó sobre su renuncia a Washington, la Embajada anotó que aunque “era problemático establecer la culpa de Quiñones en un caso particular, pero un patrón inequívoco de denuncias similares lo ha seguido casi a todos los lugares donde ha sido comandante de campo”. Lea el documento 10.

El debate real sobre El Salado no es sobre sus autores o su magnitud, sino sobre la cultura de la impunidad que ha evitado una investigación honesta sobre los miembros de la Fuerza Pública que tuvieron nexos con esta masacre. Y a pesar de la importancia de la nueva investigación de la Comisión para la preservación de la memoria histórica, la historia estará incompleta mientras que los militares le nieguen al grupo investigador acceso a sus registros sobre el caso. También Estado Unidos ha sido reacio a desclasificar muchos de sus registros clave sobre la masacre de El Salado. Reiteradas peticiones sobre reportes citados en los documentos presentados aquí han sido bloqueadas por el Pentágono y otras agencias.

Sin acceso a estos archivos, puede que nunca sepamos exactamente qué sabía Estados Unidos sobre la complicidad de militares en la masacre de El Salado o si la masacre tuvo algún impacto en el desarrollo del paquete de ayuda que entonces se estaba dando a las fuerzas de seguridad colombianas. Tampoco sabremos si la tibia respuesta del gobierno de Estados Unidos al caso fue debido a una simple negligencia, a análisis pobres o a un esfuerzo activo para ayudar a encubrir el papel que desempeñaron los militares en la masacres de El Salado.

*El National Security Archive es un instituto de investigaciones y biblioteca independiente y no gubernamental localizado en la Universidad George Washington en la capital de Estados Unidos. El Archivo collecciona and publica documentos desclasificados del gobierno y el Estado sobre la seguridad nacional de Estados Unidos y su papel en los conflictos del mundo, para que esta información sea conocida por el público. Para lograrlo, hacen derechos de petición constantes sobre diversos temas y lo que van logrando que sea desclasificado lo publican en su página virtual.


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22 septiembre, 2009

La UE analizará el problema de los inmigrantes menores no acompañados

Europa Press. Los ministros de Justicia e Interior de la Unión Europea abordarán mañana en Bruselas el problema que representa la llegada cada vez más numerosa a territorio europeo de menores no acompañados, un tipo de inmigrante especialmente vulnerable que requiere una respuesta específica por parte de las instituciones comunitarias.

El asunto figura en el orden del día del Consejo a petición de España, que quiere abrir formalmente el debate para que puedan continuar los trabajos durante el semestre de la presidencia española, a partir de enero de 2010, según informaron hoy fuentes diplomáticas.

El fenómeno es preocupante porque son cada vez más países los que se enfrentan a la llegada de menores no acompañados, algo que delata la existencia de redes organizadas que trafican con estos inmigrantes al saber que, precisamente por su condición de menores de 18 años, gozan de una protección especial y no pueden ser repatriados.

La protección que se da al menor se convierte así es una especie de 'efecto llamada' de la que las mafias se aprovechan y en la Unión Europea hay ya un consenso general sobre la necesidad de dar una respuesta a escala europea que debe combinar tanto la prevención del fenómeno como la protección de los menores.

De momento, se habla de mejorar el intercambio de información, la cooperación con los países de origen, las técnicas para la evaluación de la edad y el rastreo de la familia, así como prestar especial atención a los menores no acompañados en el marco de la lucha contra la trata de seres humanos. Fuentes diplomáticas admiten, no obstante, que el problema es técnica y jurídicamente muy complejo.

En todo caso, la Presidencia de turno quiere que los Ministros digan en qué áreas puede haber una mayor cooperación y pedirá a la Comisión Europea que siga adelante con los trabajos ya iniciados para disponer del panorama más completo posible. Se pedirá asimismo a la CE que prepare un plan de acción para presentarlo a principios de 2010.

La delegación española estará encabezada por el titular de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y la secretaria de Estado de Inmigración, Consuelo Rumí.

La reunión de mañana, que estará casi exclusivamente dedicada a las cuestiones de inmigración, se iniciará con un intercambio de puntos de vista sobre una propuesta de la Comisión para crear un programa europeo de reubicación de refugiados y la modificación de las reglas del Fondo Europeo de los Refugiados para el periodo 2008-2013.

Durante el almuerzo, los ministros se reunirán con Antonio Guterres, Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) para hacer un seguimiento de los temas tratados en la primera sesión de trabajos. También en la comida, el comisario de Justicia, Libertad y Seguridad, Jacques Barrot, informará a sus colegas de la cuestión de la reciprocidad en materia de exención de visados.
REFORZAR FRONTEX EN EL MEDITERRANEO

En la sesión de tarde, y a petición de Francia, se tratará el refuerzo de las operaciones de la Agencia Europea de Control de Fronteras Exteriores (Frontex), especialmente en el Mediterráneo. París quiere que, en un momento en el que muchos países se enfrentan a una situación cada vez más crítica en el Mediterráneo, los Estados miembros se comprometan con "orientaciones concretas" para reforzar las actividades de Frontex, sobre todo la faceta humana, optimizar el control y que la agencia sea "el corazón de la gestión" de las fronteras exteriores de la Unión.



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Parapoliticos serán juzgados por crímenes de lesa humanidad

El Tiempo. Por delitos de lesa humanidad podrán ser juzgados políticos investigados por nexos con paramilitares

La Sala Penal de la Corte Suprema convirtió en jurisprudencia la propuesta hecha la semana anterior por cuatro magistrados, en la condena al senador Ricardo Elcure por parapolítica.

En ella se considera que quienes se aliaron con una estructura criminal deben responder por los crímenes que se les atribuye a los jefes de esos grupos.

La tesis fue acogida por unanimidad al resolver una apelación a los cargos que le formuló la Fiscalía a Giancarlo Gutiérrez, desmovilizado juzgado en el marco de la Ley de Justicia y Paz.

La nueva jurisprudencia establece que en los delitos de lesa humanidad se debe aplicar el concepto de "aparatos de poder o de guerra", contemplados en los convenios de Ginebra. Ese principio establece que son autores de crímenes atroces todos los que tuvieron que ver con ese estado de guerra", explicó el presidente de la Corte, el magistrado Augusto Ibáñez

"En adelante, a todas las personas que estén involucradas en delitos de lesa humanidad y que tuvieron que ver con el patrocinio de los hechos juzgados se les aplicará esta providencia", aseguró.

En el caso de los parapolíticos, que son juzgados hasta ahora por concierto para delinquir agravado, ese delito sería la base de otras imputaciones, como el homicidio en persona protegida, la desaparición, la tortura y cualquier otro delito de lesa humanidad que haya cometido el grupo con el que tuvieron relación.

En la sentencia, los magistrados también instan al Gobierno para que "se convoque una comisión de la verdad para cada uno de los casos que se están tramitando", dijo Ibáñez. La propuesta, según la Corte, busca entregar a la sociedad un contexto histórico de los casos que se están juzgando, para contar con una verdad de lo sucedido.



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20 septiembre, 2009

"Siguen existiendo en Colombia patrones de hostigamiento y persecucion...”.

aSemana. "Siguen existiendo en Colombia patrones de hostigamiento y persecución contra los defensores de derechos humanos, y a menudo contra sus familias”.
En su viaje, que se inició el 7 de septiembre y acabó este viernes 18, ella constató de primera mano las dificultades que hay en el país para vigilar y exigir que se cumplan los derechos fundamentales.

“Periodistas, sindicalistas, magistrados, abogados, activistas estudiantiles y juveniles, mujeres defensoras, líderes indígenas y afrocolombianos, así como activistas Lgbt, han sido asesinados, torturados, maltratados, desaparecidos, amenazados, capturados y detenidos arbitrariamente, judicializados, vigilados, desplazados por la fuerza u obligados a exiliarse; o bien se han allanado sus oficinas y se han robado sus archivos, a causa de su trabajo de defensa de los derechos humanos y libertades fundamentales”, recalcó la Relatora en su informe final antes de dejar el país.

En particular, a la relatora le llamó la atención la cantidad de amenazas que reciben estas personas por medio de panfletos, sufragios, correos electrónicos, llamadas y mensajes de texto. Lo más grave, para ella, es que muchas veces esas advertencias de muerte pasan del dicho al hecho.

En parte, esa violencia contra los defensores se debe a las estigmatizaciones que promueve el mismo gobierno al señalarlos como guerrilleros o colaboradores de la insurgencia.

Pero ¿quiénes intimidan y atacan tanto a los defensores? Según la información recopilada por Sekaggya, lo hacen guerrilleros, paramilitares y algunos agentes de la fuerza pública y de organismos de inteligencia civiles como el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS).

El lío del DAS

Sobre los seguimientos que viene haciendo el DAS, y que han sido denunciados por SEMANA, la relatora comentó que “me preocupa asimismo la información sobre seguimiento y la interceptación por parte de los servicios de inteligencia civiles y militares sufridos por defensores de derechos humanos nacionales e internacionales, entre ellos magistrados de la Corte Suprema de Justicia”.

Según Sekaggya, ni en la Policía, ni en el Ejército ni en el DAS le negaron que hubiera agentes haciendo espionaje a los defensores. Para ella, reconocer la situación es un buen gesto de estos organismos estatales. Y le dio visto bueno a anécdotas que le contaron. Por ejemplo, que la Policía ha hecho operativos que le han permitido capturar a algunos agentes y soldados espías y que el DAS está reestructurándose después de conocerse los detallados seguimientos ilegales que hacen algunos funcionarios.

Sin embargo, la relatora tiene claro que esto no es el punto final del problema. “Sigo preocupada por la posible continuación de los seguimientos”, comentó.

La sugerencia que hace al respecto es depurar los archivos de inteligencia sobre defensores de derechos humanos y sus familias y organizaciones con la asistencia de Naciones Unidas.

“Esto debería acompañarse de una redefinición por parte del aparato del Estado de los objetivos de sus actividades de inteligencia, mediante la instauración de un control democrático de estas actividades. Por último, debería garantizarse el control a los defensores pleno acceso a la información de inteligencia que les concierne”, dijo la relatora.

Es que, como están las cosas, nadie tiene derecho a saber qué es lo que estos organismos estatales han averiguado sobre su vida. Christian Salazar, representante de la oficina de Derechos Humanos de la ONU en Colombia, describió la situación. “Ha ocurrido que personas que tienen sospechas de ser seguidas, han ido a la Procuraduría a exponer su caso. La Procuraduría pide la información a los organismos de inteligencia, y le dicen que no hay nada”, contó. O sea, no hay ningún control sobre la información que poseen el DAS y los militares.

Pese a todo lo que está pasando, la relatora declaró que “deseo encomiar al gobierno por la mejora significativa dela situación de seguridad en el país desde 2002. Han mejorado tanto el respeto por el derecho a la vida como el ejercicio de las libertades fundamentales para los ciudadanos colombianos”.

Y dio visto bueno al incremento de recursos que ha hecho el gobierno para proteger a los defensores. Mientras en 2002 el dinero para este fin eran 13 millones de dólares, este año son 40 millones. También aplaudió la adopción de la Ley de Inteligencia y Contrainteligencia y sugirió al gobierno “implementarla lo antes posible”.
Las palabras de Uribe

Durante la visita de la relatora en Colombia, el presidente Álvaro Uribe dijo que “la defensa de los derechos humanos es una contribución necesaria para la sostenibilidad de la política de Seguridad Democrática, por cuanto los derechos humanos y la eficacia constituyen un dúo que construye confianza ciudadana en la seguridad.
“La defensa de los derechos humanos es una acción necesaria y legítima para la democracia, en un país como Colombia que tiene el orgullo de estar plenamente abierto y dispuesto al escrutinio internacional en esta materia", concluyó el Presidente Uribe.

Tal reconocimiento a los defensores, salió de la misma boca que el primero de noviembre de 2008 dijo en un consejo comunitario en Envigado (Antioquia) se refirió de manera denigrante a José Miguel Vivanco de Human Rights Watch y a Amnistía Internacional.

“Simplemente le quiero decir al Señor Vivanco y a los señores de Amnistía Internacional que ellos no nos tienen que enseñar a nosotros de derechos humanos, ni de convicciones cristianas, ni de convicciones democráticas… Quiero recordarle al señor Vivanco que él no es el profesor nuestro en derechos humanos y que no lo recibimos como tal, que aquí le perdimos el respeto hace mucho rato”.





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