19 marzo, 2008

Un hombre al que la CIA mantuvo recluido en secreto durante tres años ha hablado para Amnistía Internacional sobre su terrible experiencia

Amnistia Internacional
14 marzo 2008
La crueldad e ilegalidad del programa de detención secreta del gobierno de Estados Unidos se puede ilustrar con la historia de un hombre. Es la historia de un hombre que nunca fue acusado de delito alguno, pero al que la CIA mantuvo recluido en secreto durante casi tres años, convirtiéndolo en víctima de desaparición forzada.

Este hombre es el ciudadano yemení de 31 años Khaled Abdu Ahmed Saleh al-Maqtari, uno de los hombres que más recientemente han quedado en libertad tras ser retirados del programa de detención secreta de la CIA. En entrevistas concedidas a Amnistía Internacional ha relatado con detalle su terrible experiencia desde que quedó bajo custodia de fuerzas estadounidenses en Irak en enero de 2004.

En un principio, Khaled al-Maqtari estuvo recluido en Abu Ghraib antes de ser trasladado primero a una prisión secreta de la CIA en Afganistán y después a una segunda prisión secreta en un país no identificado, posiblemente en Europa del Este. Allí permaneció recluido en total aislamiento durante otros 28 meses antes de ser enviado a Yemen, en donde finalmente quedó en libertad en mayo de 2007.

Su relato contiene numerosas denuncias de tortura y otros malos tratos mientras estuvo preso, como reclusión prolongada en régimen de aislamiento, palizas reiteradas, privación del sueño, obligación de desnudarse, exposición a frío y calor extremos, privación sensorial y exposición continua a luz deslumbrante, volumen alto de música o efectos sonoros reiterados en la celda.

Las consecuencias de la tortura

Khaled al-Maqtari es ahora un hombre libre, pero sufre los efectos de la tortura y otros malos tratos físicos y psicológicos.

Según afirma, los abusos que más le han afectado fueron los años de interminable aislamiento, la absoluta incertidumbre sobre su futuro, la constante vigilancia de las cámaras y su separación del mundo exterior, especialmente la falta de contacto con su familia.
“Durante sus 32 meses de reclusión, en ningún momento se le dijo a Khaled al-Maqtari en dónde estaba ni por qué. No tuvo acceso a abogados, familiares ni a ninguna otra persona salvo sus interrogadores y el personal que intervino en su detención y en los traslados. Esto supone una clara violación de las obligaciones internacionales contraídas por Estados Unidos. El gobierno estadounidense tiene una causa pendiente”, manifestó Anne FitzGerald, asesora general de Amnistía Internacional, que entrevistó a Khaled al-Maqtari.

Khaled al-Maqtari no ha recibido una reparación por parte de las autoridades de Estados Unidos, que ni siquiera han admitido su detención.

La tortura y la desaparición forzada son delitos reconocidos en el derecho internacional. No pueden justificarse en ninguna circunstancia. Amnistía Internacional ha pedido a las autoridades estadounidenses que pongan fin a estas prácticas y procesen a los responsables de violaciones de derechos humanos.
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