08 noviembre, 2008

Refugiados Palestinos se integran a sociedad chilena

AP A poco más seis meses de ser rescatados de un campamento en el desierto entre Irak y Siria, 117 refugiados palestinos acogidos por Chile trabajan para integrarse a una sociedad muy diferente a la suya, y algunos hasta piensan en traer a familiares que quedaron en Irak o en un inhóspito desierto.
Algunos pueden expresar muchas ideas en español, una pequeña de ocho años prácticamente domina el idioma, varios tienen trabajo, se controlan con médicos chilenos y otros encuentran desabrida la comida local.

Muchos palestinos de la colonia residente han vuelto a comer --y a saborear-- el pan pita elaborado por las manos de uno de los refugiados que en Bagdad era panadero, Rami Melhem.

Empero, no olvidan a los más de 1.000 palestinos que siguen enfrentando penurias en el mismo campamento de Al Tanf donde la mayoría de los 117 sobrevivió dos años y más, luego de huir precipitadamente de Irak, cuando empezaron a ser perseguidos por las nuevas autoridades tras el derrocamiento de Saddam Hussein, en 2003.

De los 117, 25 se reasentaron en San Felipe, una ciudad agroindustrial a 88 kilómetros al noroeste de Santiago. El vigésimo sexto nació el 1 de agosto. Otros dos bebés palestinos gestados en Chile nacerán en enero y febrero.

Melhem, 25 años, es uno de los pocos que encontró trabajo en su oficio. Está tan contento que piensa traerse al resto de su familia: dos hermanas pequeñas, un varón y ambos padres.

"En este minuto no tengo condición para traerlos, voy a esperar un poco para tener más solidez económica para que ellos al momento de venir no tengan que sufrir escasez y yo poder ayudarlos en alquilar alguna casa para darles mejor vida", dijo a la AP.

Melhem, su esposa Roa, 25 años, y su hija Rawand, de tres años, junto a otros 22 palestinos llegaron a San Felipe luego que Chile respondió a un llamado urgente del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que sigue luchando por sacar al millar de palestinos que continua atascado en Al Tanf, un campamento en el desierto, en tierra de nadie entre Irak y Siria.

Además de Chile, en la región sólo Brasil acogió a otro centenar de reasentados palestinos que debieron huir de Irak.

La integración de estos palestinos es un desafío y casi una cuestión de honor para Chile, tras el vergonzoso fracaso de 1999, cuando refugió a 26 croatas que huían de la guerra en Los Balcanes, pero se los brindó muy poca ayuda, algunos hasta mendigaron, y la mayoría retornó a su tierra. Los ocho croatas que permanecen trabajando en Chile dicen que ganan muy poco o que la labor que tienen no está a la altura de su calificación.

Esta vez ACNUR, la Vicaría de la Pastoral Social y de los Trabajadores de la Iglesia Católica y el gobierno no descuidaron detalles, y contrataron maestros para que enseñen español a los reasentados, arrendaron viviendas y las amoblaron con lo básico y traductores los acompañan al médico y al dentista.

Por ejemplo, Roa Melhem, 25 años, tuvo a su hijo Rafi el 1 de agosto en un pabellón quirúrgico del hospital público especialmente preparado para ella, porque su religión no permite la presencia de hombres en estas situaciones. Al comienzo se resistió a la anestesia, pero al final cedió, dijo a la AP la intérprete siria Hana Khouzam, que llegó hace 20 años a Chile.

"El es el motivo por el cual estoy acá", dice sonriente Roa con Rafi alzándolo en sus brazos.

La labor de Khouzam parece ser fundamental, mientras habla con una persona, le traduce a otra, la llaman por teléfono para que le recuerde a una de las reasentadas que debe ponerse un dispositivo intrauterino para no tener bebés y hasta ayuda a calmar conflictos propios de quienes han convivido a la fuerza durante más de dos años en el desierto.

También pusieron sicólogos a disposición de los reasentados, gestionaron sus cédulas de identidad, los cupos en las escuelas y jardines de infante y sensibilizaron sobre el problema de los reasentados a la población de San Felipe.

Khouzam dijo que seis de los ocho cabezas de familia que llegaron a San Felipe están trabajando, un séptimo, de 62 años, desea jubilarse y buscan un empleo para el octavo. Ganan unos 150.000 pesos mensuales, unos 250 dólares.

ACNUR entrega a cada familia una mensualidad de unos 500 dólares, mientras el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet y las cuatro municipalidades que los recibieron les proporcionaron la cédula de identidad que les permitió acceder a la educación, la salud, a los ahorros para la jubilación y hasta para postular a un subsidio habitacional. Tres de las municipalidades tienen alcalde de ascendencia palestina e importantes colonias árabes.

El organismo internacional está vigilante y del éxito del programa dependerá que sea replicado en otras partes.

"Todos los países están mirando este programa para tratar de salvar al resto de las personas que están en el campamento", dijo a la AP Ricardo Ruiz Lolas, que trabaja como coordinador del programa.

Roa dijo desesperada que "Suecia está por sacar a 150 personas de Al Tanf. Que cada país saque de a 100, solucionaríamos pronto el problema. Imposible que Chile pueda abrir su corazón para 1.000".

Directivos de ACNUR de Ginebra, Francia, Canadá, Estados Unidos, Brasil y Argentina se reunieron en San Felipe a conversar con los reasentados, escuchar sus inquietudes y evaluar el programa, resultados que no han hecho públicos.

En diciembre o enero empieza otra fase del programa, la de la Reunificación Familiar, que permitirá a los reasentados postular para traer a Chile a sus familiares más directos. El viaje sería costeado por ACNUR, pero la permanencia sería cargo de ellos.

Los reasentados están tratando de que ACNUR los ayude un poco más con la manutención de los parientes que puedan traer. El asunto está en estudio.

"Trato de adaptarme paulatinamente a la sociedad chilena y poco a poco trato de tener una vida normal", dijo a la AP Firas Obaid, un peluquero de 33 años, casado y cuya esposa dará a luz en enero un hijo gestado en Chile.

Con una cédula de identidad chilena en una mano y una bolsa con un overol de trabajo en la otra, cuenta feliz que ahora trabaja en una empresa agroindustrial.

Firas es uno de los que echa de menos los condimentos árabes. "La comida chilena, sin ofender, es muy desabrida, falta pimienta, falabe (una especie de empanada abierta de carne), cardamón".

Con el dinero de ACNUR cada una de las ocho familias de San Felipe ya arrendó una vivienda a su gusto, pero están preocupados por lo que sucederá en el futuro, ya que la ayuda mensual disminuirá paulatinamente hasta desaparecer a mediados de 2010, cuando ellos sean autosuficientes, por lo que aspiran a tener una vivienda propia antes de que se acabe la ayuda.

Rami, cuyo pan pita ya es agradecido por los árabes de San Felipe, que se están pasando el dato de la panadería donde trabaja, está próximo a casarse con Roa por las leyes civiles chilenas porque el reconocimiento de su matrimonio en Irak es demasiado burocrático.

"Me dijeron que esto (mi certificado de matrimonio) tienen que llevarlo muy lejos, a Bagdad, así que no me siento que estoy casado. Ahora necesito matrimonio nuevo". señaló.

Otras parejas de reasentados palestinos seguirían el ejemplo y se casarían por las leyes civiles locales.

La maestra de español Sol Amador Vega cuenta que tiene dos grupos de alumnos. Los más avanzados van por la tarde a clases y entre ellos están Rania Abdelkader y su hija Dima, de ocho años, quien prácticamente habla el idioma local.

Pero Rania es la excepción, porque la mayoría de las mujeres se queda en sus casas, por lo que la profesora va a sus casas a enseñarle. "Sé que necesitan esta lengua, quería darles una herramienta...si ellas no vienen, yo voy".

Chile cuenta con una de las mayores colonias árabes fuera del Medio Oriente, unas 350.000 personas, según el censo de 2002. Los primeros en llegar los hicieron a comienzos del siglo XX y como la mayoría eran católicos, les fue más fácil insertarse. Los recién llegados son sunníes.

La pequeña Dima, la que quizás mejor se ha integrado por su dominio del español, ya empezó a ser preparada por sus padres porque el próximo año debe empezar a usar la Niqab, el pañuelo que deben usar las mujeres árabes en la cabeza, y que ocultará sus hermosas trenzas oscuras.
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