06 junio, 2008

Fiscalía llama a indagatoria al general (r) Farouk Yanine Díaz por la masacre de La Rochela en 1989

La solicitud la había hecho la Corte Suprema de Justicia a la Fiscalía General en marzo pasado, como lo había exigido la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
La Masacre de la Rochela
La Fiscalía reabrió el caso de la masacre de 19 comerciantes ocurrida en 1987 y cometida por paramilitares del Magdalena Medio. Después, fueron asesinados una comisión de 12 investigadores que fueron a investigar la masacre.

Por estos hechos, la Nación ha recibido seis condenas por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. La última, en el 2007, por la muerte de la comisión le tiene que pagar a los familiares de las víctimas más de 5 millones de dólares.

En esa ocasión, la Corte dijo que la falta del Estado fue por acción y omisión, pues si bien reconoció su responsabilidad en el hecho, hay evidencias de la participación de agentes estatales en la masacre.
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París ratifica disposición a trabajar en la búsqueda de una "solución humanitaria" para rehenes

París, junio 6 (TeleSUR). Francia reafirmó este jueves que está dispuesta a hacer "todo lo que facilite una solución humanitaria" que permita la liberación de los rehenes de las FARC, incluida la colombo-francesa Ingrid Betancourt.

Al lado de sus "socios españoles y helvéticos y con el apoyo de varios países del continente americano, Francia está plenamente movilizada en la búsqueda de una solución humanitaria que permita la liberación de los rehenes" en manos de las FARC, incluida Betancourt, dijo la portavoz del Ministerio francés de Exteriores, Pascale Andréani.

Francia "está dispuesta a hacer todo lo que facilite esa solución", concluyó.

Las gestiones a favor de la liberación de los rehenes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) fue uno de los temas abordados por los ministros de Exteriores de Francia, Bernard Kouchner, y de Brasil, Celso Amorim, indicó Andréani.

Amorim, que participa en la reunión ministerial de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y Kouchner pasaron revista a la actualidad internacional, en particular África y el Oriente Medio, y trataron también de la crisis alimentaria mundial y de la cooperación en la investigación agroalimentaria que podrían ayudar a remediarla.

2008


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05 junio, 2008

¿ Existe Democracia en los Estados Unidos ?

Un estudio notifica a los norteamericanos que su país no tiene tanta libertad como creen. Pero la situación es mucho peor, porque Bush ha manipulado el concepto hasta hacerlo irreconocible.
El diario londinense The Guardian publicó el lunes 2 de junio una noticia según la cual hasta 17 buques de la armada de Estados Unidos estarían sirviendo de cárceles secretas para los sospechosos de pertenecer a redes terroristas del tipo Al Qaeda. Las denuncias provienen de activistas de derechos humanos, de declaraciones de los propios oficiales estadounidenses y de prisioneros que sobrevivieron para contarlo.

El concepto de que los barcos sean usados como mazmorra para prisioneros confinados allí sin derecho a defensa evoca épocas que se creían superadas. Sobre todo, no es fácil asociarlo con la democracia más avanzada del mundo, cuya fundación misma en 1776 hizo creer que en el horizonte de la humanidad primaría la libertad de los hombres y su igualdad ante la ley.

Lo peor es que a estas alturas parece noticia vieja. Ya nadie se sorprende de los abusos a los que el gobierno de George W. Bush ha recurrido en su guerra contra el terrorismo. Desde el infame atentado contra las Torres Gemelas en 2001, y tras la apresurada aprobación de la peligrosa Patriot Act, o Ley Patriota, Washington ha dado toda clase de pruebas de que el establecimiento político estadounidense está dispuesto a todo con tal de vengar esa tragedia. Y que no importa mucho quien quede en el camino, ni siquiera los principios más sagrados que animaron la fundación de su país, al frente de los cuales está uno que merece mayúscula: la Libertad.

Esto parecería sencillo de superar por medio de los sistemas de frenos y contrapesos que existen en la Constitución de Estados Unidos. Lo malo es que ya nadie sabe con certeza a cuál libertad se refieren los estadounidenses cuando hablan de estos temas. Porque el concepto mismo ha sido manipulado al punto de que, para muchos, hoy es una caricatura de la que animó al nacimiento de esa gran nación hace más de 200 años.

La controversia, por supuesto, está lejos de llegar a los grandes medios de comunicación de Estados Unidos, que suelen ser independientes y críticos de sus gobiernos pero solo mientras no sean considerados “unamerican”. Este concepto, que no existe en ningún otro país, y que se viene usando sobre todo desde los años 50, con la cacería de brujas contra la izquierda del Macartismo, señala como parias a quienes asumen la libertad de pensar por fuera de lo que es ‘ser estadounidense’.

De ahí que solo en forma tímida y cuidadosa los medios de Estados Unidos registraron la semana pasada el lanzamiento de un estudio del instituto Freedom House, según el cual su sociedad no es tan libre como se cree generalmente. Y lo hicieron así a pesar de que el documento es apenas una crítica tibia, como era de esperarse si se tiene en cuenta que esa entidad es financiada en buena parte por el gobierno de Washington.

El libro resultante se titula “Los norteamericanos de hoy. ¿Qué tan libres son?”. Su análisis abarca desde las medidas antiterroristas hasta la libertad de expresión y de prensa, pasando por los problemas con la inmigración ilegal, la libertad religiosa, las relaciones raciales, la igualdad de oportunidades, el sistema judicial, el proceso político, la libertad de enseñanza. Concluye que, a pesar de todo, Estados Unidos es un país bastante libre, en el que los derechos políticos y las libertades civiles son muy respetados, aunque no universalmente.

Llega a tres conclusiones fundamentales. La primera, a pesar de las tensiones inevitables en un país caracterizado por su diversidad, Estados Unidos ha sido relativamente exitoso en crear una sociedad multicultural. A pesar de ello, advierte que sus conclusiones no deben soslayar problemas como la inmigración ilegal, los musulmanes estadounidenses, las disputas entre los latinos y los negros, y la difícil relación de estos últimos con el sistema penal.

La segunda, que sólo con un establecimiento judicial independiente y con una prensa libre es posible preservar la libertad. Afirma que al fin y al cabo las medidas controversiales del gobierno han sido contrarrestadas por la acción de los jueces.

Y tercera, que son “preocupantes” las medidas contra el terrorismo que restringen la libertad, como los intentos por extender la autoridad del Ejecutivo sin los controles del Legislativo y el Judicial, las “extraordinary renditions” (la entrega de prisioneros a países para una especie de outsourcing de la tortura), el maltrato de los prisioneros, la grabación de conversaciones privadas sin permiso judicial, etcétera.

El documento concluye que la controversia sobre los ataques a las libertades civiles de la administración de Bush debe ser analizada desde una perspectiva histórica. Sostiene que esas medidas resultan menores si se les compara con otras oportunidades en que, siempre bajo la influencia de la guerra, fueron restringidas las garantías constitucionales. Cita para ello la suspensión del habeas corpus durante la guerra de secesión, o la decisión de confinar a los japoneses y sus descendientes en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.

Una conclusión como esa equivale a felicitar a los negros de hoy porque ya no son linchados en los pueblos del sur. Y demuestra que Freedom House no se aparta de la concepción de la libertad que George W. Bush y su gobierno han convertido en verdad revelada a punta de manipularla una y otra vez.

La lucha contra esa manipulación es la bandera de otros pensadores en Estados Unidos, como el lingüista George Lakoff, quien sostiene que el pueblo de ese país ha sido conducido, mediante una intensa campaña propagandística, a creer honestamente como una verdad revelada el concepto de libertad adoptado por los ultraconservadores que han manejado el poder en la presidencia de Bush.

No puede ser de otra forma, dice Lakoff, si Bush habla de libertad (lo hizo 49 veces en su discurso de la segunda posesión) y a su nombre ha apresado a cientos de personas en Guantánamo indefinidamente y sin debido proceso. Si con el pretexto de defenderla ha permitido torturar, ha comenzado una guerra preventiva sobre premisas falsas, ha causado miles de muertos civiles en Irak, ha sostenido regímenes dictatoriales en Pakistán, Egipto y Arabia Saudita, ha ordenado espiar sin orden judicial las llamadas telefónicas de sus ciudadanos, ha comprado periodistas, ha favorecido que se obligue a los colegios a enseñar como verdad científica que Dios creó al mundo hace 6.000 años, etcétera.

Lakoff es un importante ejemplo de los académicos que se han dado a la tarea de analizar en términos de las ciencias del conocimiento el proceso que se ha vivido en los últimos años en la conciencia colectiva de Estados Unidos, y sus conclusiones, al contrario de las de Freedom House, dan escalofrío. El autor de “Whose Freedom? The Battle Over America’s Most Important Idea” (¿La Libertad de quién? La batalla por la idea más importante de Estados Unidos), sostiene que se equivocan quienes creen que se trata solamente de un manoseo excesivo que ha degradado y despojado de su significado a la palabra libertad. Porque, según él, lo que hay es una campaña muy bien diseñada para convencer a la gente de que la libertad que hay que defender no es la misma que animó la creación de Estados Unidos, una libertad progresista que significa la ampliación permanente de los derechos y las oportunidades, de las condiciones laborales humanistas, de la educación pública, una libertad que implica también estar libre de flagelos como el miedo y la pobreza.

Por el contrario, según Lakoff, el establecimiento neoconservador que ha dominado a Washington en los últimos ocho años ha aprovechado el tiempo para hacer creer al pueblo que la libertad tiene otros significados. Por ejemplo, que la seguridad social es una amenaza porque crea una dependencia que atenta contra su libertad. O que la libertad religiosa no incluye el derecho a que ninguna religión sea impuesta. O que espiar a los ciudadanos no viola su libertad sino que la protege. O que la intervención del Estado en la economía en favor de los ciudadanos es una amenaza para la libertad de la economía, fuera de la cual no hay nada.

En esa concepción, todo asomo de disenso, desorden o inmoralidad es una amenaza que debe ser aplastada por cualquier medio, incluso a costa de sacrificar las garantías de sectores importantes de la sociedad, como los pobres, los homosexuales, las mujeres ante el aborto o los sospechosos de ser terroristas. Como consecuencia de esa mirada neoconservadora, desaparecen los derechos laborales, la educación pública se restringe tanto como la seguridad social, lo mismo que el control a las grandes corporaciones, en nombre de una libertad insuflada en la conciencia colectiva como una verdad revelada.

Lakoff describe, como científico del conocimiento, cómo los ultraconservadores, con su vocero Bush, usan la repetición para sembrar en la mente de sus connacionales sus verdades a pesar de estar demostradas como mentiras. Cómo el uso de la expresión ‘guerra contra el terrorismo’ en la agresión a Irak crea un marco conceptual en el que las víctimas civiles, hombres, mujeres y niños inocentes (de hecho, víctimas en su tiempo de Saddam Hussein) se convierten en daños colaterales que no merecen mayor preocupación. Porque, dice, quien crea los marcos conceptuales y maneja el significado de las metáforas presentes en casi toda nuestra comunicación verbal, puede manipular con facilidad las creencias.

Es en esas condiciones que Estados Unidos se acerca a una nueva elección presidencial. El gobierno de Bush dejará como legado un impresionante avance en el camino hacia tergiversar del todo los ideales de la libertad primigenia. Hasta qué punto su sucesor estará comprometido a regresar a valores más altos de la humanidad, es una incógnita. Si John McCain es el nuevo Presidente, es probable que el camino siga siendo el mismo. Si lo es Barack Obama, hay una mayor probabilidad de que las cosas cambien. Lo malo es que aún no es claro hasta dónde ha llegado el lavado de cerebro colectivo. Tal vez también haya afectado al candidato demócrata, aunque no lo sepa.
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04 junio, 2008

Organizaciones humanitarias que regresaron de una misión en el Castillo, Meta, denunciaron presiones del Ejército a pobladores de ese municipio.

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Amenazas de muerte a campesinos acusándolos de ser auxiliadores de las FARC, persecución contra los jóvenes que retornaron al municipio y contra líderes de la comunidad son las denuncias que presentaron ante todos los estamentos del Gobierno las organizaciones que participaron en la Mesa de Acompañamiento al Ariári, luego de su recorrido por varias veredas de esa región.

En una extensa y detallada carta enviada al Presidente de la República y con copias a los Ministerios del Interior, Defensa, a la Procuraduría y la Defensoría del Pueblo, el grupo de organizaciones relata ocho episodios en los que miembros del Batallón 21 Vargas, presente en ese municipio del Meta, ha cometido abusos contra la población civil.

La carta comienza por el caso de Efraín Caro Ansola, un campesino de avanzada edad que vive en una finca de la vereda La Esmeralda de ese municipio y a quien según dice en la carta, el pasado 23 de mayo los soldados del 21 Vargas le rodearon la casa y apuntándole procedieron a amenazarlo de muerte por ser auxiliador de la guerrilla.

La misión también revela en su carta testimonios de jóvenes de la región que aseguran ser perseguidos y amenazados constantemente por soldados de ese batallón. “El Ejército persigue y estigmatiza a los jóvenes retornados, hijos de los campesinos, a quienes sindican sin prueba alguna de ser milicianos o guerrilleros de las FARC. El asedio es tan fuerte que varios de ellos se han visto obligados a desplazarse de nuevo por temor a ser asesinados y presentados con guerrilleros ante los medios de comunicación” .

Otro de los casos mencionados por las organizaciones que conformaron la Mesa de Acompañamiento del Ariári es el de Alba Nelly, presidenta de la Junta de Acción Comunal de la vereda La Esmeralda, a quien soldados de ese batallón estuvieron buscando en las casas de sus vecinos el pasado 7 de mayo para confrontarla por denuncias que ella hizo contra los militares por violaciones constantes a los Derechos Humanos de esa comunidad.

Las denuncias sobre abusos de miembros del Batallón 21 Vargas en cabeza de uno de sus mandos, un mayor de apellido Baquero, hablan también de presiones constantes a los propietarios de tiendas, supermercados y otros negocios del pueblo que según los militares tiene como principales clientes a guerrilleros de las FARC y de fuertes reclamos del mayor Baquero a la comunidad por haber asistido a la audiencia citada por la Mesa de Acompañamiento para escuchar los problemas de las familias.

Al Castillo, Meta han venido retornando desde principios del año pasado varias familias que debieron huir por presión del desmovilizado grupo paramilitar Bloque Centauros de la AUC, Lo han hecho de forma voluntaria, sin contar con las garantías de seguridad ni ayuda gubernamental para reactivar la producción de sus tierras, situación a la que ahora se suma la persecución del Ejército.
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03 junio, 2008

En el infierno de la Guerra

03 de Junio de 2008
En el infierno de la guerra estuvo cinco días un equipo periodístico de EL TIEMPO
EL TIEMPO
En uno de los cerros del Papaneme, sur del Meta, la Fuerza de Tarea Omega, la Aviación del Ejército y la Fuerza Aérea han desembarcado varios morteros y obuses para apoyar la operación 'Filipo III' lanzada contra las estructura de seguridad que tenía 'Tirofijo' y el estado mayor del bloque Oriental de las Farc. En 20 días se han disparado más de 700 granadas.

El sur del Meta es el escenario donde los soldados combaten día a día al bloque Oriental de las Farc. El relato deja en evidencia que el dolor del conflicto lo viven ambos bandos.

Jojoy está "jodido por la diabetes", dice desmovilizada"

"Los rafagazos se apagaron y quedé frente a frente con el soldado... el que primero disparara tenía la vida ganada y yo sabía que el dedo de él estaba más pegado del gatillo que el mío...". 'Doris' me relata la historia mientras besa y aprieta contra su pecho el brasier que tenía puesto ese día. Ahora es su amuleto.

Era la mañana del 28 de mayo. La brigada Móvil 1 copó el grupo de guerrilleros donde estaba ella y con el rabo del ojo vio caer muerto a su compañero. Reaccionó instintivamente: se arrodilló, botó el fusil y pidió que no la mataran. Su guerra había terminado.

El viernes en la mañana, dos días después, la vi descender de un helicóptero Black Hawk, con su sudadera negra, un cuerpo atlético envidiable y las marcas de los combates de los últimos 5 años.

Es una niña de 17 años enfundada en un cuerpo de mujer que se desarrolló por las largas caminatas, las dos arrobas que se echaba al hombro y los 7 maridos que tuvo en la guerrilla. "En las Farc tenemos tres estados para las relaciones con alguien: el 'novio' solo es para besitos; el 'mozo' es para tener relaciones los miércoles y los domingos, y el 'socio' es con el que se duerme todas las noches".

El relato lo cuenta como una anécdota más. Le digo que si no le da miedo morirse y me responde que es a lo que menos le teme. Entonces, ¿a qué le temen ustedes?

Sonríe y me responde contundente: "a la palabra Fudra y al 'papá de los hombres'. -Quién es ese, le pregunto-. El Arpía. A ese helicóptero sí que le tenemos miedo, él es el dios, el papá de los hombres".

Después de la explicación entra en confianza y me cuenta que el sobrino del 'Mono Jojoy', alias 'Chepe', se voló de las Farc hace seis meses con la plata de tres caletas; que para subir la comida a los campamentos se demoran hasta 20 días y que la diabetes tiene "jodido" al comandante del bloque Oriental.

"Mire, también le regalo unos calzones por si los necesita". Y me entrega una de las últimas dotaciones que le dieron en las Farc. Son unas tangas negras de licra con un top.

Ente Avemarías y fusiles viven los militares

Mientras charlamos, empieza otra jornada de guerra en medio del frío y el viento de la base de la Fuerza de Despliegue Rápido (Fudra) en la que nos encontramos.

Los avemarías se enredan en el ruido de los rotores. Se los llevan las aspas de los helicópteros. Mientras el padre Alfonso García, capellán de la Fudra, reza el rosario con 20 soldados, los pilotos salen hacia lo desconocido a ubicar una caleta con explosivos.
Son las 7:10 de la noche del viernes 30 de mayo. Pese al agite, el rezo no se interrumpe.

Cada uno está aferrado a su fusil Galil y mientras responden a los misterios dolorosos, algunos sacan de entre el camuflado los escapularios y los besan. Tal vez pidiendo por sus familias y su regreso, vivos, del campo de combate. El sábado en la mañana salen para el área a reforzar la operación contra las Farc.

Dos horas antes, el reportero gráfico y yo hicimos la fila para recibir en una ollita de aluminio la comida. Ese día nos dieron arroz, pasta, atún y un jarro lleno con fresco Royal de naranja.

La guerra en carne viva

El radio empieza a sonar. Hay mal tiempo y un capitán que está en el área avisa afanosamente que detectaron un grupo grande de guerrilleros.

El comandante de la Fudra, general Javier Flórez se pega al radio y pide apoyo. El rosario termina y los periodistas buscamos una esquina, para no estorbar.

El general Flórez camina de un lado a otro. Al parecer la situación es difícil y el ambiente se llena de zozobra. Este hombre, que la mayor parte de su carrera la ha pasado combatiendo, se devora, literalmente, un paquete de cigarrillos y por lo menos 10 tintos en una hora.

La espera se prolonga toda la noche. Mi cambuche es una carpa, que se convierte en nuestro 'centro logístico' para escribir las historias y revisar las fotos. Hasta allí se acercan oficiales y soldados queriendo ver su día a día congelado en las imágenes.
Las minas antipersona, un drama constante

La mayoría nunca había compartido su trabajo de guerra con periodistas, después supieron que el de nosotros se parecía en algo, cuando no podíamos mandar las fotos para la edición del domingo.

Las minas, el drama constante de la guerra

La charla con el coronel Carlos Rojas, comandante de la Brigada Móvil 1, -que parece un aguerrido soldado profesional-, es interrumpida por el llamado del radio.

Le informan que mientras en un cerro un sargento se retuerce del dolor, al parecer por apendicitis, en otro punto un soldado pisó una mina. La tensión regresa y los pilotos de la Fuerza Aérea y el Ejército, empiezan a planear el rescate. Nuevamente, el fotógrafo y yo nos confundimos entre el agite de comandantes, soldados y pilotos. Abren el mapa, ubican la zona y se van.

Una hora y 30 después regresan. El joven ya va rumbo a Bogotá, vivo, pero sin su pierna izquierda. No alcanzan a pasar 10 minutos después del aterrizaje cuando entra un nuevo llamado. Otro soldado pisó una mina.

El mismo alboroto, los pilotos corren, los comandantes dan ánimo al teniente de la patrulla por radio, el coronel Rojas se coge la cabeza, el general Flórez fuma, los soldados se aferran a sus escapularios...

20 minutos más. El helicóptero aterriza. Todos corremos hacia él, ahí viene el soldado. Resulta imposible no llorar ante la escena. Es un jovencito que al ver a su comandante abrazándolo, se desgrana en gritos de dolor y llanto. "Mi coronel, no le diga nada a mi mamá". Él lo agarra nuevamente de la cara, como si fuera un hijo, y le da la señal al piloto para que despegue. Hay silencio. Los rostros lo dicen todo.

Una cuarta larga noche. En una pequeña carpa, contigua a la mía, el comandante de la Omega, general Alejandro Navas, quien llegó después de la evacuación del soldado, les habla a sus hombres de la importancia de mantener la moral.

Y yo me preguntaba qué moral tenía yo después de un día tan agitado. La respuesta me la dio un grupo de combatientes, altos y fornidos, convencidos de lo que hacen. Son los encargados de desembarcar en medio de la selva, por sogas, luego de que los aviones bombardean la espesura de la selva.

Uno de ellos siempre se queda en el helicóptero viendo el descenso de sus compañeros, con la ingrata y drástica misión de cortar las cuerdas que los sujetan si la guerrilla ataca la nave. "A mi lo único que me preocupa es pisar una mina, porque como soy tan rumbero, entonces ¿con qué voy a bailar si quedo mochito?".

Con esa frase nos despidió. Sus amplias sonrisas, aún en medio de la guerra, quedaron inmortalizadas en las fotos y el video. Se internaron en la selva. No sabemos si volverán.

19 militares han quedado mutilados por acción de las minas, durante el desarrollo de la operación Filipo, entre abril y mayo de este año.

JINETH BEDOYA LIMA
ENVIADA ESPECIAL, SUR DEL META


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