17 julio, 2008

REFUGIADOS COLOMBIANOS EN ECUADOR

REVISTA CAMBIO
LOS PIES DE LA NIÑA de cuatro años están arrugados. Su papá le puso sandalias porque no sabía que al llegar el primer día como refugiado a Tulcán, Ecuador, a más de 12 horas de La Hormiga, Putumayo, de donde salió corriendo por amenazas de las Farc, se encontraría con una ciudad fría, a 3.000 metros de altura. "No tengo unos zapaticos y no hemos comido. Puede ayudarme con un poco de comida -se lamenta el hombre que pasó de arar la tierra a pedir limosna en Ecuador, a donde llegó el pasado viernes 11 de julio-. Estoy aquí desde esta mañana con mi nena, mi mujer y otro muchachito de dos años".

La pequeña tiembla y el padre mira a la gente como pidiendo auxilio, pero pocos los ven, hasta que de la nada aparece una especie de ángel de la guarda: un miembro de la Pastoral Fronteriza que les da caldo caliente y una chaqueta. Luego de escuchar su historia les suministra una dirección para que acudan al día siguiente. "Es afortunado en hallarnos porque miles llegan y pasan días deambulando sin saber que son refugiados y necesitan protección -explica la ecuatoriana Patricia Rosero, de la Pastoral Fronteriza-. Ahora empieza una vida muy dura. Tendrá que hacer trámite tras trámite para acceder a la ayuda de este gobierno". La nueva familia colombiana refugiada en Ecuador pasa su primera noche tirada en el piso de la terminal de buses.

María Perea Valoy, una madre chocoana, ya vivió esa escena el 13 de febrero cuando llegó con su esposo y 10 hijos, menores de edad, proveniente de Armenia, Quindío. Ya había huido de Pizarro (Chocó) en 2006 porque los paramilitares amenazaron con matar a su esposo cuando se negó a transportarlos en una lancha por el río Baudó. Ya desplazada, los mismos paramilitares volvieron a hallarla en Armenia y amenazaron con matarle a los hijos. Empezó otro éxodo que los llevó hasta Ecuador. "Ya no me sentía segura en Colombia. Si te desplazan y te persiguen no queda otra que correr hasta donde sea", relata la mujer.

Hoy la familia chocoana vive en una casa de una sola habitación, en la que hay cinco colchones tirados. Los niños ya han sufrido infecciones respiratorias por el excesivo frío y, dice María, ante la falta de dinero para sobrevivir se turnan los días de comida. "Uno desayuna lunes pero no martes y así sucesivamente -cuenta-. Sinceramente, es mas fácil ser desplazada que refugiada". Lo dice porque, además, se siente rechazada. "Lo tratan a uno como si fuera lo peor, como delincuente, guerrillero o matón. No entienden que estamos aquí porque no tuvimos más opción".

Esta es la realidad de muchos de los refugiados colombianos en Ecuador donde llegan a diario entre cinco y 10 familias colombianas, la mayoría de Putumayo, Nariño, Guaviare, Meta, Cauca, Caquetá, Chocó y Huila. Según Acnur, más de 250.000 están en estas condiciones y, de ellos, a solo 14.300 se les ha otorgado el estatus de refugiados.

Cuando ingresan al nuevo país les niegan derechos, son víctimas de sobreexplotación laboral, los estigmatizan y algunos solo encuentran sustento en la prostitución y la mendicidad. Así lo relata Evelyn, refugiada de 12 años, a quien los niños le gritan "colombianita guerrillera" cuando se dirige al colegio, en la vereda Cristóbal Colón, de Tulcán. El año pasado lo tomaba con calma porque su mamá le recomendó no tener peleas con nadie. Pero un día no aguantó más y les gritó a todos que la dejaran en paz. "Ese día me acusaron de problemática pero me tengo que hacer respetar".

Mireya huyó de Cauca en 2004 y se refugió en Tulcán con tres niños. Cuenta que si a unos los señalan de guerrilleros, a otros los esclavizan. "Llegué sola con los niños y el dueño de un hotel me ofreció una habitación -relata-. A cambio tenía que trabajar a su antojo, en lo que me pusiera, las 24 horas del día sin recibir un solo peso, esclava". Otros refugiados agregan que no consiguen trabajo y son contratados por cuatro o cinco dólares al día, por debajo del salario legal.

Al principio los ecuatorianos fueron solidarios. Pero desde el año pasado, cuando una solicitante de refugio asesinó a un ecuatoriano -en un incidente pasional-, la situación cambió y los colombianos empezaron a sentir el rechazo. Este hecho y otros como la muerte del ex jefe de las Farc, 'Raúl Reyes' en territorio ecuatoriano, el pasado 1º de marzo, tiene a los habitantes de ese país recelosos sobre la presencia de colombianos.

"Se extendió el rumor de que todo refugiado es asaltante o guerrillero -asegura el sacerdote José Lara, vicario de la Pastoral Social en Tulcán, quien brinda atención a los refugiados-. Ese señalamiento tiene en alerta a las autoridades que no quieren que la situación termine en brotes de xenofobia y los colombianos sean víctimas de quienes pretendan hacer 'justicia' por sus propias manos".

Pero esos brotes xenófobos existen. "Hay una especie de discriminación y xenofobia. Nos da miedo siempre la presencia de colombianos porque nos vienen trayendo problemas -dice Wilfredo Terán, primera autoridad civil de Tulcán-. Sin embargo, promovemos que haya respeto para los colombianos".

Terán reconoce que guerrilleros y bandas delincuenciales hacen presencia en Tulcán, situación que motivó el 11 de julio una marcha de los habitantes que con pancartas pidieron a las autoridades que se le exija a los colombianos el pasado judicial como requisito de ingreso a ese país. La manifestación la provocó el asalto a un centro comercial en el que participaron algunos colombianos.

Pero no todos los refugiados tienen quejas. Gloria Pantoja huyó de San Miguel (Putumayo) en 1991 luego de una incursión paramilitar. Hoy no piensa en un regreso. "Puedo vivir tranquila. Mis hijos están seguros, van el colegio y yo vendo leche de chiva para mantenerlos -dice-. Aunque aquí siempre seré una extranjera, no tengo razones para volver a Colombia".

¿DESPLAZADOS O REFUGIADOS?

Desplazado y refugiado son términos que pueden ser confundidos. Los primeros son personas que huyen de un lugar a otro dentro de un mismo país por situaciones del conflicto, limpiezas étnicas, persecuciones religiosas o el hambre. Los refugiados son los que huyen de su país y cruzan fronteras porque su vida, seguridad o libertad, han sido amenazadas.
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